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Gareth Bale, el caballero claro

Bale, el caballero claro.

Bale, el caballero claro.

Un vejo dicho inglés asegura que el fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos, mientras que el rugby es un deporte de villanos jugado por caballeros. Pero los ingleses, que suelen tener razón casi siempre, no habían contemplado la posibilidad mixta: la de un jugador de fútbol que antes lo fue de rugby, y que por tanto es un perfecto caballero practicando un deporte perfectamente caballeresco. Ese hombre único es Gareth Bale.

Al principio de su carrera, nunca mejor dicho, el fibroso chico de Cardiff descubrió que podía correr los 100 metros lisos en 11,4 segundos, y no solo eso: descubrió que mientras lo hacía resultaba difícil tirarle al suelo. Con ambos descubrimientos era lógico que se aficionara al rugby, pero por suerte para el Madrid se cruzó en su camino un profesor de educación física providencial que le reclutó para el teórico deporte de los caballeros: el fútbol.

No quiero fijarme hoy en la facilidad goleadora de Bale –siete goles en nueve partidos de Liga–, ni en su versatilidad ofensiva, ni siquiera en su clase para servir suavemente un centro a la misma cabeza de Cristiano o Benzema. Hoy quiero fijarme en su honestidad deportiva, en su generosidad en el campo, en su silencio tras ser zancadilleado, en su fútbol gallardo y viril de la mejor tradición británica. Si Christian Bale, el actor que encarnó a Batman, ejerce de caballero oscuro, la personalidad limpia de Gareth Bale le convierte en un caballero claro, un jugador de una pieza donde no caben la trampa ni el capricho del divo. A diferencia de otro fichaje rutilante con el que se le compara inútilmente tanto por rendimiento como por actitud, Bale no necesita fingir agresiones tremendas para sacar ventaja de su juego, o para saciar una íntima vocación de comediante. Más bien al revés: cuando en los inicios del partido contra el Valladolid llovió sobre el galés una sucesión de agarrones, pataditas y empujones, Bale apenas dirigió al árbitro un discreto alzamiento de cejas. A continuación se ponía en pie rápidamente y volvía a encarar la portería contraria. Así es como se logran los hat-tricks. Entrega y orden, potencia y control. Así es como juega al fútbol un caballero británico.

Cuando no está marcando goles o dándolos, Gareth Bale ha declarado que hace una cosa: dedicarse a su mujer y a su hija y ver partidos de rugby por la tele. Bale sabe, como sabía don Vito, que un hombre que no está con su familia no puede ser un hombre. Estudia español dos horas tres veces por semana, lo que seguramente es más de lo que puede decir un niño de Gerona, y le gusta el jamón. La modestia que destacan de él sus compañeros, y que está favoreciendo una integración meteórica en la a veces espinosa plantilla blanca, la aprendió de su padre, conserje de colegio. Todo en la vida de Bale es de una claridad sin artificios que refuta el prejuicio economicista generado por su fichaje y ajeno a su voluntad.

El Bale oscuro ajustando cuentas con la prensa deportiva.

El Bale oscuro ajustando cuentas con la prensa deportiva.

A todo caballero que se precie no le pueden faltar dragones y Bale los ha tenido en forma de crítica apresurada, de burda mentira sobre su estado de salud o de diagnóstico delirante en boca de gurú desfasado. Este tipo de dragones los ha vencido Bale galopando con serenidad hacia el área rival y retornando con el yelmo del portero atravesado en su pica. En la mesa redonda del rey Cristiano se ha sentado ya el caballero Lanzarote, procedente de Gales, y el ciclo de su leyenda solo acaba de comenzar.

(La Lupa, Real Madrid TV, 3 de diciembre de 2013)

La locución aquí, a partir del 45:00.

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Otra paliza del Madrid, qué pasa

Ahora que se despacha a los rivales con palizas más o menos humillantes detecto en cierto madridismo zelote una defección hastiada, una huelga de entusiasmo, como si solo se pudiera ser genuinamente del Madrid en estado de furia batalladora contra algo, en especial contra el propio equipo: su plantilla, su staff técnico, su directiva. A uno que no lo busquen en ese tendido 7 del ceño esculpido. Yo, perdonadme, disfruto inocentemente viendo ganar al Madrid aunque sus goles no resulten proyecciones fácticas de fuegos declarativos en rueda de prensa. Al mismo Valladolid que lo puso tan difícil el año pasado este sábado se le metieron cuatro, y no voy por ello a entregarme al hipo de la elegía, aunque tampoco he descorchado cava catalán. Lo que digo es que como Ancelotti gane todo, todavía hay quien deberá celebrarlo en la intimidad, peregrinar a una Cibeles de cartón piedra armada a toda prisa en el salón para que fuera no decaiga su imagen de cimarrón impenitente, de anti vocacional.

En fin, fue el partido de la hernia ridiculizada por el primer hat-trick en el Madrid de su presunto propietario. Fue un partido de parejas también, un encuentro binario. La cámara enfocaba a Cristiano y a Irina en la grada y a continuación sacaba a Chendo y a Casillas en el banquillo. En el campo empezaban a encajar sus bolillos Isco y Benzema, asistidos por Xabi y Modric (qué bueno es Modric). Todo era cosa de dos salvo Ramos, que suele bastarse a sí mismo incluso para fallar tres remates seguidos que le sirvieron para reivindicar compromiso y desmentir portadas. Florentino miraba el móvil para seguir la cotización mercantil de Ramos tras cada cabezazo. Di María andaba inquieto, que es como más nos gusta, y artilló la izquierda para el centro o el disparo con loable terquedad sin premio.

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1 diciembre, 2013 · 13:59

Carta abierta a Álvaro Arbeloa

Querido Álvaro:

Vaya noche la del miércoles, amigo. Vaya Lepanto a tu medida, contra los turcos y en la armada de Juan de Austria, sobrenombre del poderoso almirante Xabier Alonso Olano. Ya habrás visto por la tele la manera punk en que tu amigo Xabi enloqueció de júbilo en la banda cuando batiste a Iscan con un empalme suave, acompañado como un muletazo. Y el tendido en pie, claro, ese tendido indescifrable que te ha hecho sufrir y que contra el Galatasaray se entregó a tu desagravio pendiente y unánime.

Mientras vuelve CR los marca Arbeloa.

Mientras vuelve CR los marca Arbeloa.

Eres un hombre de temperamento marcial, leal y fiable como castellano viejo. Y como a los buenos soldados, el valor que se te presupone jamás es defraudado. No prodigas la fantasía del zigzag como Marcelo, pero tampoco regalas el espacio que hay detrás de tu espalda ni a tu padre. Tus errores, cuando los tienes, se amplifican con lupa, no la mía sino la de los viejos y ya casi entrañables enemigos de tu militancia mourinhista. Yo no recuerdo un jugador más perseguido, ridiculizado, ninguneado y vejado por la prensa deportiva de este país en mis 30 años de vida y madridismo. Cualquier otro se habría calado las Ray-Ban, agarrado el trolley en Barajas y sacado a pasear la peineta castellana: os va a aguantar la madre que os parió, bastardos. Pero Arbeloa se queda a luchar con la pata sobre la calavera que hay al pie del cañón, apretando los dientes, soportando el fuego. Y un día, que fue el miércoles pasado, sales de la trinchera, recorres todo el campo, llegas hasta el cuartel general del enemigo y te traes la bandera dando aullidos. Marcaste uno, casi marcas dos, provocaste un penalti no pitado y diste una asistencia. Hasta los locutores más fríos se derritieron.

Y esto no es fácil, Álvaro. El Madrid es una trituradora de espíritus apocados, y hay jugadores con más calidad que tú que han salido de aquí camino del psiquiátrico para los restos. Pero supongo que el apellido Arbeloa desciende de los marañones que subían con la armadura puesta al cráter del volcán a recoger azufre para hacer pólvora de arcabuz. Deberías anunciar chalecos de kevlar, y no cosméticos. Mi amigo Hughes ha escrito que eres el jugador antisilbidos, porque cuando más dispuesta está la parte torva de la afición a pitarte, más sereno entregas el balón al compañero.

Consumada la gesta dijiste ante el micrófono que “el público sabe mucho”. Tú sabes y yo sé que eso es muy generoso de tu parte, pero también que un jugador de fútbol pertenece a su afición, y debe afrontar el odio y el amor con la mandíbula prieta. Te lo recuerdo ahora que en tu cabeza hay nubes blancas porque la tormenta volverá en cualquier momento. Cuando eso pase, recuerda también la noche en que batiste a los turcos, y esta gratitud nuestra que algunos no cambiaremos por una cintura tropical o por un discurso más acomodaticio. Muchos te consideran capitán sin brazalete, y no lo llevas porque lo tienes impreso en la piel como los estigmas en los santos.

(La Lupa, Real Madrid TV, viernes 29 de noviembre de 2013)

La locución aquí, a partir del 20:10.

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Los juegos del hambre… de gol

Una película que estos días se proyecta en los cines, con gran éxito de taquilla, nos presenta a un selecto ramillete de jóvenes superdotados que luchan a muerte por su supervivencia. En la película no queda del todo claro por qué llaman a su lucha los juegos del hambre, ni por qué a los contendientes se les llama tributos, aunque suponemos que todo tiene que ver con la crisis, la económica o la de guionistas, vaya usted a saber.

El sábado vimos otra película en el Estadio de los Juegos del Mediterráneo y se nos ocurren algunos paralelismos. El Madrid de Ancelotti también es un equipo de jóvenes más o menos superdotados que compite con todo por sobrevivir en el once titular. Su batalla también es un juego, y su hambre está perfectamente definida: se trata de hambre de gol. Seas canterano o extranjero, seas centrocampista o delantero, al Madrid se viene a atacar. En el árbol de navidad de Carletto algunas bolas pueden ser intercambiables, pero todas tienen que emitir su brillo. Y no hay mejor forma de brillar que el gol.

Jóvenes tributos abriendo la boca de hambre.

Jóvenes tributos con hambre.

Marcaron cinco como pudieron marcar diez, y eso que hubo que achicar el tamaño antirreglamentario de las porterías. El primero fue de Cristiano, claro, porque lo suyo no es apetito de gol sino verdadera hambruna, glotonería de gloria, como un Obélix delgado que se hubiera caído de niño en la marmita del fútbol total. Otro día aplicaremos la lupa sobre el coloso portugués para tratar de explicar las causas sobrenaturales de su voracidad. El sábado se retiró prudentemente a mitad de encuentro, pero yo creo que la sobrecarga era una excusa caballeresca, un gesto elegante del jefe de la manada que se aparta de la presa, sin haber saciado su hambre, para que la sacien también los cachorros.

Y así nos tributaron sus goles Isco y Morata, aparte de Bale y de Benzema, y pudieron marcar también Carvajal y Casemiro entre otros. Ancelotti soltó a sus tributos ávidos a la arena, y la inocente defensa del Almería acabó pagando el pato. Ya digo aquí que el récord de los 121 goles de la épica temporada de Mourinho está a tiro. Se siguen oyendo críticas al juego del Madrid, algunas porque no juega el suyo, y otras, las de los hegelianos de la pizarra, porque no ven claro el sistema. Que se sigan oyendo mientras caigan de cinco en cinco los chicharros a domicilio.

Damas y caballeros: los juegos del hambre de gol han quedado inaugurados. Los tributos más salvajes juegan en el Madrid, y de ahí el éxito de taquilla.

(La Lupa, Real Madrid TV, martes 26 de noviembre de 2013)

La locución aquí, a partir del 14:35.

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Carletto y la fábrica de chocolate

Este Madrid fabrica ocasiones de gol como Willy Wonka chocolate, y en su mundo de fantasía y derroche disfrutaron ayer los canteranos como los niños del libro de Roal Dahl, que no se llamaban Charlie, sino Morata o Jesé, Carvajal o Isco, y su Wonka no se llama Willy sino Carlo, que ya es casi diciembre y ha montado para ellos su árbol de navidad.

El éxtasis canterano o canteránida llegaría en la segunda parte. En la primera me enfadé con Cristiano por esa impaciencia goleadora que no te permite llegar ni un minuto tarde al bar; cuando llegué ya estaba celebrando, desplegando su torso como un tablón de anuncios para que el planeta fútbol entero clave sus quejas contra Blatter, y al principio pensé que se trataba de un reportaje del Plus sobre el Balón de Oro. Pero no: es que había marcado el primero filtrándose entre los centrales almerienses como el cuchillo entre la mantequilla. A Cristiano le buscan sus compañeros con el descaro con que se buscaba a Maradona cuando apremian las ganas de gol como el capricho femenino de chocolate, y a veces Cristiano se para en un ángulo frente a un defensa y se pone a andar, como Cruyff, antes de explotar otra vez en su loca carrera hacia la integración de todos los talentos históricos del fútbol en uno solo. Se retiró en el 51 con un golpe en el muslo de esos que en la ruta escolar llamábamos fresones, y fue eso lo que luego abriría el patio a los escolares. Salió Jesé para remedar esa misma zancada de comandante. Pero Jesé sería más que la Cecilia de Ronaldo, en la acepción de Cecilia que Ruiz Quintano ha instituido para los imitadores artísticos que acaban haciendo afición. Jesé dio dos asistencias de gol y es un jugador caliente llamado a derretir algunas semifinales.

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25 noviembre, 2013 · 13:39

Carta abierta a Sami Khedira

[Reproduzco a continuación, por petición popular que agradezco sentidamente, la carta abierta a Sami Khedira que se ha leído hoy, miércoles 20 de noviembre, en la tertulia de Real Madrid TV. Puedo avanzar a los espectadores de Real Madrid TV que andamos trabajando en una nueva sección que han tenido la irresponsabilidad de encargarme a mí, y de la cual esta carta a Khedira ha sido la primera muestra. Habrá más, y si contra todo pronóstico la idea os gusta y la sección cuaja, me tendréis escribiéndola con regularidad bajo el nombre de «La Lupa». Serán piezas sobre la actualidad del Real Madrid desde un ángulo más literario que informativo, en la convicción de que literatura y madridismo maridan tan bien como las uvas y el queso. Iré subiendo aquí los textos de momento. Gracias a todos de veras por vuestro interés lector y espectador]

Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.

Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado.

Admirado Sami:

Cuando viniste a Madrid quizá te dieron algunas nociones básicas sobre la cultura y la geografía locales. Te dirían por ejemplo que Madrid se levanta sobre una meseta, y sin embargo yo creo que se parece más bien a una sabana. A una sabana africana donde si no eres león, corres el peligro de ser cebra, y que te devoren los leones, y luego te rematen las hienas, y por último te apuren los buitres.

En el ecosistema extremo que forma el tristemente famoso entorno del Real Madrid tú nunca has contado con muchos apoyos. Y eso que te apuntaste enseguida a clases de español para aprender pronto el idioma, porque si algo te sobra es aplicación, y diligencia, y esfuerzo de buena cuna alemana. Esa aplicación que los carroñeros del ecosistema no valoran, pero que te vuelve imprescindible en la mejor selección alemana de los últimos tiempos y en el mejor Real Madrid del último lustro. Ancelotti ya había encontrado el equilibrio anhelado sobre la base de tu generoso derroche y la compañía inteligente y creadora de Xabi y Modric. Pero esa presencia tuya tan imponente, a los ojos del entorno carroñero, se convierte paradójicamente en ausencia. Y así vemos cómo todos se entusiasman ahora buscándote sustituto en el medio campo, conjeturando cambios tácticos, reivindicando a sus cromos favoritos que no juegan todo lo que les gustaría quizá porque no hay otro que se sacrifique como tú.

Has venido a romperte los ligamentos en uno de esos bolos estúpidos que patrocina la FIFA del gran bufón, pero en los medios apenas se te ha concedido un duelo rácano. No diré que se alegraran de la noticia, pero yo los he visto volar ya en círculo sobre tu cuerpo doblado. Tú también los viste hace tiempo, y por eso te desahogaste en aquella entrevista que clamaba por un respeto imposible en esta selva.

Alemania te espera para el Mundial: allí no tienen dudas. Aquí tampoco las tiene el míster, que te había otorgado la importancia que mereces. Pero ahora pasarás seis meses fuera de la pradera, donde luchas y te reivindicas silenciosamente, y es posible que te asalte de nuevo la amargura. Por si te pasa eso, recuerda que también vive en la sabana un madridismo bien nacido que te querría escribir una carta de apoyo sin plazos ni preguntas, sin alternativas ni olvidos. Eres el guerrero masái de nuestro centro del campo. Y esperamos el retorno del guerrero.

Y ahora descansa, lee mejor un libro que la prensa y déjate cuidar por tu señora. Pronto te pondrás en pie y volverás a espantar a los buitres.

(La Lupa, Real Madrid TV, miércoles 20 de noviembre de 2013)

La locución aquí a partir del 23:15.

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El once del equilibrio

Con esta es la tercera vez que escribimos que el Madrid hizo su mejor partido desde que lo entrena Ancelotti, y eso avala una evolución esperanzadora que sobre todo se certifica en los bares de turistas de interior donde bulle la decepción del antimadridismo provinciano. Yo lo vi en uno de la Cava Baja, en el corazón del viejo Madrid petado de andaluces precalentando el sábado noche capitalino. Con el prematuro larguero de Cristiano se empezaron a torcer las bocas. La primera la del propio Cristiano, a quien sorprendió la cámara con ese gesto oblicuo que ponía Eastwood al disparar al sombrero de Lee Van Cleef. No fallaba: presentaba sus credenciales y de paso calibraba la mira.

Cristiano Ronaldo.

Cristiano Ronaldo.

Ya no habría más gestos, solo goles, todos distintos. El semidiós luso enseguida perforó el lateral de la red donostiarra a pase lujurioso de Benzema, y el parroquiano de mi derecha musitó: “Qué cabrón”. No era solo rendirse a la pegada –reducir el bagaje ofensivo del Madrid a la pegada es como ver matar a LeBron James y murmurar: “Claro, así cualquiera”–, es que al cuarto de hora de partido el dominio blanco era abrumador, inclemente, antidemocrático. La alineación del Madrid parecía por fin compensada en todas sus líneas, con el principal hallazgo de un visionario Modric lanzado hacia la media punta con las espaldas herméticamente cubiertas por Xabi Alonso y Sami Khedira. En ese desempeño Luka parece que se desdobla y que es capaz de manejarse a sí mismo desde arriba, desde la preclara panorámica del jugador de Play Station. “Qué bueno es Modric”, hubo de reconocer el parroquiano de mi derecha.

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12 noviembre, 2013 · 14:46

Siente al Rayo a su mesa

El Rayo es, en números redondos, el peor equipo de la Primera División, aunque está capacitado para hacer un buen papel en Segunda, al César lo que es del César. Al Rayo, sin embargo, contra todo espíritu científico, le siguen diciendo que es un equipazo, del mismo modo que hay telepredicadores en Texas que desmienten a gritos que vengamos del mono. Pero el hecho es que venimos del mono, incluido Paco Jémez, el brahmán de Vallekas, uno de esos sabios pancescos del fútbol al que le han dicho que es un genio y se lo ha creído. Jémez lleva el guardiolismo más allá del juego de un equipo incapacitado para practicarlo: lo lleva a su propia indumentaria. Ya nadie le apea del chalequito, cuyas sisas no revientan durante los partidos de puro milagro; tales son los trances epilépticos que se apoderan durante los encuentros de este místico castizo, cuarto pastor de Fátima contemplando el rostro de la posesión sobre el muro pelado del Estadio de Vallecas.

Pese a que es una máquina de perder puntos, a Jémez se le perdona todo en virtud de una pulsión españolísima llamada aporofilia o amor al pobre, una forma laica de misericordia que sirve al primermundista exitoso para lavarse la mala conciencia de su íntima prosperidad. Sobra bibliografía al respecto, lean ustedes las memorias de Carlos Barral o las carantoñas de Hollywood a los Panteras Negras contadas por Tom Wolfe. En cada entrevista Jémez no pierde la ocasión de vocear el mísero presupuesto de su club, en la esperanza de que terminemos de confundir la falta de dinero con la falta de puntos. Yo prefiero ser del rico Madrid porque soy pobre, que ir con el pobre Rayo porque se es rico, como hace Robinson. Pero si yo fuera vallecano y me viese colista cada semana, le pediría al señor Jémez que, ya que somos pobres, dejase de intentar jugar como los ricos, porque el dinero y los puntos en Liga es lo único en esta vida que no se puede ocultar.

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4 noviembre, 2013 · 16:30