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Carta esperanzada a Jesé Rodríguez

Ánimo, Jesé.

Ánimo, Jesé.

Querido Jesé:

Los médicos todavía no se explican cómo lograste ponerte en pie y dar un paso. Si la rodilla se vencía hacia dentro, la pierna dolorosamente suelta. Pero querías caminar porque aunque ya sabías que estabas lesionado –tú mejor que nadie lo sabías, y también la gravedad de la lesión– todavía no lo querías aceptar. Te debatías por volver al campo. Y viendo eso, uno no puede quedarse con tus goles importantes al Valencia, o al Barça, o al Athletic; uno se queda ante todo con esa voluntad terca de caminar aún estando quebrado.

Esa es la actitud que te mantendrá sereno ahora, en la dura travesía cuyo final ya empieza a vislumbrar tu compañero Khedira. Tienes derecho a desahogarte, a rebelarte, a esparcir algunas cenizas de tu temperamento volcánico; pero yo en tu lugar no lo haría. Necesitas toda tu energía para volver perfecto en pretemporada.

Pretemporada. Qué lejos queda ahora, cuando se acercan a toda velocidad los días de fuego del calendario, las citas para la gloria o el fracaso, el clásico, el otro clásico en una final de Copa, las eliminatorias calientes de Champions, el horizonte del alirón en Liga… En definitiva, el gran examen que evaluará una andadura hasta ahora ilusionante. Ilusionante sobre todo para ti, que llevabas registros no vistos en un debutante desde Raúl.

Dice Arbeloa que la adversidad es amarga pero nunca estéril. Así es. En la rueda de prensa previa al partido fatal explicaste lo mucho que has aprendido durante los meses que llevas en el primer equipo. Ahora sí vas a crecer de verdad. Fíjate en lo primero que declaró Ancelotti al conocer de boca de los periodistas tu diagnóstico: “A mí me pasó lo mismo a su misma edad”. No añadió “y no me ha ido mal” porque don Carlo es hombre modesto, pero la conclusión ya la sacas tú. Aún tienes muchos títulos que ganar y, si ganamos alguno este año, será también tuyo con todos los honores debidos a tu esfuerzo y a tus goles.

Ahora descansa. Lee con calma todos los mensajes de apoyo del madridismo que te quiere y que te espera. Algunos contienen lecciones útiles. Otros traen vaticinios irrefutables: volverás y serás grande. Convéncete de que esto que te ha pasado es la baza que el destino se reserva para convertir una buena carrera en una carrera mítica. Porque para ello se necesita lo mismo el don del talento que el temple de hierro que proporciona el sacrificio. El primero ya lo tenías; el segundo lo desarrollarás en estos seis meses. Y por eso, cuando vuelvas, serás mejor de lo que fuiste.

Ya casi oyes los aplausos, la grada atronando tu nombre. Ya queda un día menos para tu regreso.

(La Lupa, Real Madrid TV, 19 de marzo de 2014)

La locución aquí, a partir del 16.50.

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Lecciones que desaprender

Consecuencias de chocar con Cristiano.

Consecuencias de chocar con Cristiano.

El partido empezó sin que Schuster hubiera reconocido públicamente que era imposible ganar al Madrid, como manda la tradición, y después de eso ya no se encontró el canon en ningún momento. Y los cánones, para este equipazo, son los de la goleada probable. Ganó el Madrid, por supuesto, pero no como debía haberlo hecho. Esta semana hay que empezar por entrenar el pase de la muerte, don Carlo, y por desaprender el tiro al muñeco.

Vi el Madrid-Málaga en una taberna flamenca, con hilo musical de Mercé a Morente en lugar de locución Prisa, y la narración del juego ganó tanta exactitud lógica como expresividad emocional. Asombra lo bien que marida el quejío con un despeje de Varane, un penalti no pitado de Carvajal o una zancadilla sobre Bale. De ese tributo al folclore quiso participar Ancelotti alineando a Isco, héroe local. Nunca lo hiciera. El malagueño no solo anduvo desactivado y tímido todo el encuentro sino que decidió cuestionar su delicado crédito de falso nueve fallando a lo grande un mano a mano ante Willy Caballero. La afición le reconoció el gesto aplaudiéndolo a rabiar cuando fue sustituido. El chaval necesita diván, pero sabemos que es muy bueno.

El Madrid jugaba raro, inconexo, dubitativo. Cierta aflamencada improvisación. Contaba con la ventaja de que el Málaga jugaba peor. Pero presionaba y robaba, circunstancias que empezaron a inquietar al técnico italiano, que hubo de levantarse del banquillo y ponerse a dar órdenes con la mano derecha. Y amenazaba incluso con sacarse la izquierda del bolsillo, aunque al final la sangre no llegó al río.

Cristiano marcó un golazo de esos suyos indefendibles, todo individualismo poderoso que provoca grietas en la santa pizarra del táctico. Si no tiene hueco para tirar, tapado por tres defensas, se lo crea y dispara. Y gol. Eso es el fútbol, que diría Beckenbauer.

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16 marzo, 2014 · 13:30

Marcelo: sin etiquetas, por favor

Marcelo: el caos productivo.

Marcelo: el caos productivo.

Cuando uno teclea Marcelo en Google, enseguida salta la Wikipedia a tratar de cumplir con la ardua función de clasificarle: “Marcelo Vieira da Silva Júnior –conocido simplemente como Marcelo– es un futbolista brasileño del Real Madrid C.F. de la Primera División de España. Juega principalmente de lateral izquierdo aunque también ha sido alineado como extremo e interior…”, etcétera. Y ya desde esta segunda frase comprobamos los problemas que encuentra la Wikipedia para etiquetarle. Asegura que Marcelo juega principalmente de lateral izquierdo, pero se apresura a añadir que puede jugar de extremo, e incluso de interior, y se para ahí por no tener que constatar que este Marcelo en mitad de un partido también se desempeña como media punta, y que no pocas veces ha marcado goles que exigen la habilidad de un delantero puro.

Uno de esos goles lo marcó el domingo contra el Levante. Primero amagó al defensor con una finta elástica que solo está al alcance de caderas brasileñas, y después sacó el interior de su pie menos bueno para imprimir la rosca perfecta que deposita delicadamente el balón en la red lateral del palo largo, tan lejos de Keylor Navas. Es un gol que debería haber marcado un atacante especializado, pero que marcó un defensa. O alguien que nos empeñamos en catalogar como defensa. Porque Marcelo, haciendo estas cosas, desafía la etiqueta que le reservan las enciclopedias y las pizarras de los periódicos. A falta de mayor exactitud habremos de convenir en que Marcelo es un lateral inclasificable, que no hay otro como él y que fracasarán cuantos laterales traten de imitar lo que él hace, porque la alegría de su caos productivo no se aprende.

A Marcelo, cuando vino al Madrid hace ya ocho años, se le comparó apresuradamente con Roberto Carlos porque era brasileño y porque jugaba de lateral zurdo. Hay que ver cómo nos gusta poner listones mitológicos a los recién llegados al Madrid. La mayoría no pueden saltarlos, claro, salvo Cristiano Ronaldo que los va saltando todos en fila y uno encima del otro. Pero algunos son capaces de resistir la comparación con un antiguo mito a fuerza de talento, entrega y tenacidad. Marcelo, y es hora de decirlo ya, tiene margen para terminar prestando al Madrid el mismo rendimiento acumulado que prestó Roberto Carlos. Le falta una asistencia en la final de la Champions como la que Roberto cedió a Zidane, pero no mucho más.

Cuando el partido se atasca, llamad a Marcelo. Cuando las ideas se agotan, llamad a Marcelo. Cuando la defensa rival parece impenetrable, llamad a Marcelo. Cuando la táctica no da resultado, cuando el contrincante te tiene donde él quería, cuando suena la hora del todo o nada, alzad la voz y llamad a gritos a Marcelo. Y algo pasará.

A otros corresponde la seriedad y la colocación milimétrica. Al Madrid le da Marcelo fantasía por banda y sonrisas en el vestuario. Y un jugador así no tiene ni precio, ni corsé, ni etiqueta.

(La Lupa, Real Madrid TV, 13 de marzo de 2014)

La locución aquí, a partir del 58:00.

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El Madrid y lo carnavalesco

Bajtín, teórico ruso del carnaval que no cesa.

Bajtín, teórico ruso del carnaval que no cesa.

De los equipos de Caparrós se predica irresponsablemente cierta fama de correosos que partidos como el de hoy obligan a revisar. Se venían diciendo cosas como que el Levante es el equipo que mejor defiende cerca de su portero, Keylor Navas, guardameta muy notable con nombre biónico. Entre biónico y espanglis. El caso es que la concentración defensiva de un equipo, su cualidad correosa, debería acreditarse antes que nada en las jugadas a balón parado, y ni así. Se alzó Cristiano en el minuto 11 sobre el plano terrestre, subió hasta que tuvo de las centrales la visión cósmica de Sandra Bullock en Gravity y cabeceó desde la lontananza para batir a Keylor. Cabezazo estratosférico, otro gol marciano del portugués.

A Cristiano le habían hecho antes una falta que quedó impune y eso aquilató la eficiencia de su respuesta, como siempre sucede. Solo hay una persona a quien le alimente tanto la injusticia como a Cristiano: un profesor universitario marxista.

El partido se presentaba como un duelo de mascadores de chicle: el calmoso prensado de Carletto contra el frenesí mandibular de Caparrós. Enseguida comenzó el asedio del Madrid al área presuntamente amurallada del Levante, con Bale y Carvajal (rezamos para que su lesión quede en poco) repartiéndose la banda derecha como dos señoras educadas en la cola de caja, y con Di María inaugurando por la derecha su irritante recital de acometidas ciegas, corregidas por la lucidez de Marcelo. Solo terminó una cosa bien el argentino en todo el partido y fue el córner botado al espacio aéreo de Cristiano en el primer gol. Por lo demás, y pese a su voluntarioso despliegue, confundió siempre la pertinencia del pase con la del tiro y viceversa, y cuando enmendaba sus errores recuperando el balón enseguida se aplicaba a perderlo y corría a recuperarlo para luego perderlo en un bucle de improductividad infinito y enojoso. Al menos corre, eso sí.

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10 marzo, 2014 · 14:40

El Atleti y sus eufemismos

Intensidad.

Intensidad.

¿Por qué le llamarán derbi cuando quieren decir reyerta? Y sobre todo, ¿por qué la prensa especializada no se cansa de elogiar la intensidad en el juego del equipo de Simeone? Ahora se le llama intensidad, queridos amigos. Habréis oído ya las siguientes expresiones a propósito de la riña patibularia en que los colchoneros quisieron convertir el derbi: partido canchero, jugar con sus armas, agresividad, carácter, brega, luchar unidos como hermanos y otros eufemismos enternecedores sobre los que se echan paladas de abono en la ribera del Manzanares para que crezcan robustos e incuestionados.

Pero Ancelotti, hombre apegado a la tradición, prefirió llamar a todo eso por su nombre: violencia. La palabra escogida, como todas las verdades, escandalizó a la mayoría de los presentes en la rueda de prensa, que tienen profundamente asumido que el Real Madrid, por culpa de sus millones, es el único sujeto jurídico sin derecho a legítima defensa. Y si los madridistas responden, como por momentos hicieron Pepe o Arbeloa o Xabi, la encomiable intensidad atlética pasa a llamarse automáticamente desquiciamiento, confusión, pérdida de papeles, ausencia flagrante de señorío. Así cavila la lógica sanchopancista del gremio.

Y lo cierto es que el Madrid, ya que le planteaban ese juego, debió arremangarse y bajar al barro como hizo en la ida de la Copa. Pero ese gol tempranero de Karim lo despistó y en cambio espoleó al Atleti, que supo reaccionar con sus armas –las ya descritas aquí– bajo la mirada bovina del árbitro, quien corregía sus propios fallos añadiendo otro nuevos hasta que el partido empezó a medirse no en minutos sino en asaltos.

Rendirse, sin embargo, no es una opción cuando se lleva la camiseta blanca. Los cambios de Ancelotti renovaron un engranaje atascado y el equipo se puso a asediar la meta de Courtois con todo el Atleti atravesado bajo el larguero. Los del eufemismo asimétrico lo llamarán a eso “defensa heroica”, pero un taurino optaría por “acularse en tablas”. Cristiano, a quien sometieron por momentos al tipo de régimen narrado en Doce años de esclavitud, se libró por un momento de los grilletes y marcó un gol que puede valer una Liga, como aquel otro en el Camp Nou.

Al término del partido, Simeone decidió afiliarse a la teoría de la conspiración. Dice que siguen vivos en Liga pese a que moleste a alguien. Yo creo que su juego solo molesta a las nueve musas de la estética y al Defensor del Menor.

(Real Madrid TV, 4 de marzo de 2014)

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6 marzo, 2014 · 20:00

Reyerta sin daños de consideración

El derbi visto por Goya.

El derbi visto por Goya.

El realizador ofrece panorámica cenital del mosaico colchonero y luego un primer plano de Simeone, ojos claros pero no serenos si nos fijamos en la crispación mandibular. En lenguaje audiovisual se nos está diciendo que hay una grey y un pastor, un pueblo y un caudillo, un bolivarianismo y su Bolívar. Al primer córner, minutos después, Simeone ya está a horcajadas sobre la chepa moral del cuarto árbitro. Y así se pasará todo el encuentro. Pero a Simeone no se le echará nunca, Simeone goza de inmunidad (anti)diplomática porque en nuestra aporofílica España respetamos a los pastores siempre que se ocupen de los pobres, o al menos de los menos ricos, como es el caso. Se expulsó, eso sí, a su lugarteniente Burgos, que hizo honor a su simiesco apodo tras la tarjeta a Diego Costa. Tarjeta amarilla como amarilla es la estatuilla del Oscar que, aprovechando un pisuerguismo de Arbeloa, mereció su caída en el área, desfallecimiento impropio de mozo nacido en un lugar llamado Lagarto.

Costa es un delantero de progresión tan lenta, de paso tan grávido y habilidades tan primarias que no alcanzamos a explicarnos el peligro que es capaz de crear. Y sin embargo lo crea, vaya que sí. Se bastó solo para desquiciar a la pareja RamosPepe durante buena parte del derbi, que tuvo una primera parte sencillamente patibularia. El gol de Benzema –decididamente mortífero desde que se dejó esa barba saudí– llegó demasiado pronto. Hay regalos espléndidos que se malogran por no entregarlos en el plazo justo de maduración. El Madrid no había madurado aún su juego y ya no lo pudo hacer hasta mediada la segunda mitad.

Porque el Atleti reaccionó ejemplarmente al revés tempranero: subió la presión, se multiplicó en las tareas de presa, protestó como un solo hombre, chocó como dos, fingió cuando fue necesario. La prensa especializada lo llama “intensidad”. El Madrid supo usarla en la ida de la Copa, pero esta vez le dio pereza y así llegó el empate. Arda, su Modric (porque el del Madrid tardaba en aparecer, y cuando lo hacía era muy capaz de perder el balón: algo insólito), metió un pase a Koke que ningún defensor del Madrid había previsto. Y Koke la cruzó perfectamente para volver superflua la estirada de Diego López.

Nunca estuvo tan bien elegido el sinónimo “choque” para un partido. Qué centelleo de navaja trapera, cuánto codo, qué vuelo de plantillas, aquella farsa de Pepe ante Godín, la ya mentada de Costa, la marrullería local, los destiempos de Arbeloa, las batallas que libraba Xabi, la decretada caza a Cristiano. A todo esto asistía el árbitro como ese novio cobardón que pretexta curro cuando su novia le dice que tienen que hablar. Si el curro lo tienes delante, hombre de Dios. Delgado Ferreiro iba aplicando una original métrica compensatoria para paliar sus propios errores: “Si no pito el penalti de Ramos sobre Costa, voy a perdonar ahora esas tres tarascadas sobre el portugués. Pero como me he comido la mano de la barrera en el libre directo, echo al Mono Burgos y le saco luego una amarilla a Godín aparte de a Pepe. Y niquelao”. Así razonaba nuestro Salomón comprado en los chinos, practicando su trile impresionista de unas injusticias por otras.

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2 marzo, 2014 · 23:00

Felicidad y cuartos de final

Carletto rules.

Carletto rules.

Para que todo sea perfecto, a don Carlo Ancelotti solo le falta fumar puros en público, a poder ser en rueda de prensa, delante de todos los que le ahorraban prematuramente la ingesta del turrón en el banquillo eléctrico del Real Madrid. Pero hoy yo miro a Ancelotti y le veo perfectamente capaz de comerse en este club su cesta de Navidad y la de la prensa.

A don Carlo le venían diciendo que ojito con los equipos alemanes, que allí el Madrid había ganado solo uno entre los últimos 25 partidos, que esos bárbaros juegan duro y disciplinado y que entrábamos ya en la fase caliente de la Champions. Nuestro hombre enarcó la ceja y se plantó en Gelsenkirchen con su 4-3-3 y su tridente de caníbales, esa BBC que tiene más familiaridad con las redes que el mismísimo Punset. Y no es solo que rompiese la maldición: es que redujo aquel campo de minas a llanura, sembró césped y levantó allí mismo un parque temático para todos los públicos con un enorme letrero a la entrada: “Bienvenidos al espectáculo”.

Esa palabra, espectáculo, que pronunció el día de su presentación en el Bernabéu. ¿Se acuerdan? ¿Y se acuerdan de las risas privadas que suscitó? Eran las risas de los mismos que ahora corren a comparar al Schalke con el Elche para rebajar la importancia indiscutible que tiene la exhibición del Madrid en Alemania. Es la comparación del miedo. El Madrid ha vuelto a dominar en tres competiciones y eso produce en sus adversarios primero risitas nerviosas, luego pataditas bajo la mesa y al final excusas para ir al baño en el momento exacto en que Ancelotti propone un brindis.

En cuanto a los madridistas de ley, nada tengo que decirles que no hayan devorado ya con sus propios ojos. La explosión de Bale, que hace decir a nuestro amigo Jabois que cada semana Neymar vale 10 millones más y Bale 20 menos. El sinuoso descaro con que Benzema está actualizándonos a Zidane. El hambre intacta de Cristiano. La impenetrabilidad de la portería, la seriedad en defensa, la ubicuidad en el medio, la profundidad por bandas. Qué queréis que os diga si la felicidad, amigos, no se pone en palabras: se paladea y se pasa a cuartos.

(La Lupa, Real Madrid TV, 28 de febrero de 2014)

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Vente ‘pa’ Alemania, Carlo

Crónica del partido según Tiziano.

Crónica del partido según Tiziano.

Y se quedaron los alemanes cantando, porque los alemanes o duermen o marchan. Un alemán despierto es una garganta presta a la épica, sea la de la victoria o la de la derrota. Y qué manera de ser derrotados, qué paseo militar el del Real Madrid, que tomó Alemania como no se veía desde Carlos V en Mühlberg. Si en estos momentos no suena la Marcha Radetzky en el iPod de Benzema entonces no sé cómo justifica la nómina Pardeza, que para eso es el que pone la cultura.

Empezaron cantando las gradas de Gelsenkirchen su himno de mineros, su tonada siderúrgica, y abajo en el césped los muchachos del Schalke obraron en consecuencia: adelantaron la presión y lograron poner nerviosos a Pepe y a Ramos. Pero aquello duraría poco. Pronto se advirtió que el histórico tembleque del Madrid en Alemania se curaría esta noche.

Gareth Bale agarraba el balón y salía disparado hacia el área con la determinación de no parar hasta la boca de la mina. Sorteaba defensas con fastidio, porque se veía que lo que le apetecía era traspasarlos directamente. Karim Benzema no es que esté enchufado: es un puro calambre, un roce de electricidad estática que se prende en la combinación con Cristiano. Así llegó el primero: diagonal galesa, taconazo portugués y remate galo. La BBC sintonizada en prime time para traerles el show del más difícil todavía, pasen y vean.

Enseguida pudo empatar el Schalke, pero apareció el Santo. Su parada de santería, brazo incorrupto. Gran acción de Casillas para enmendar una confusión infantil, enojosa, entre Ramos y Pepe, que eligieron el peor momento para ponerse a jugar al Twister. Pero de ahí en adelante los mineros se empequeñecieron, fueron devueltos a las profundidades de su campo como una raza tolkieniana de enanos. El elfo Modric cogió su carcaj y ya no paró de correr hasta completar once kilómetros, según las últimas estadísticas. Di María hizo lo mismo, cubriendo un recorrido larguísimo y bombeando centros que invertían el guión de los agoreros: ¿no habíamos quedado en que el juego aéreo era la especialidad local? Marcelo se sumaba al doblaje y la BBC en general buscaba el desmarque constante. Así resulta muy difícil cegar el avance madridista, que llegaba en oleadas ansiosas bajo el grito tarzanesco de Ronaldo, hambriento como los lobos del amigo Félix.

Huntelaar, con esa cara como salida del Diario de Ana Frank, llamaba desesperado a sus compañeros. Pero no podían oírle. Farfán, nombre de entrante árabe –yo tomaré cuscús; para mí farfán–, tocaba algo más de bola, trataba de progresar por banda y fue el mejor de los suyos, lo que no es decir mucho visto lo visto. Porque de pronto se oyó un silbato en la estación: era Karim con visera y banderita, robando un balón a un lateral incauto y abandonándolo suavemente en la vía por la que llegaba el expreso de Cardiff. Bale recortó a uno, recortó a otro y soltó la zurda un segundo antes de descarrilar. El segundo estaba aquí, y era un golazo que estira el repertorio intuido a este jugador extraordinario, cada vez más barato: tiene el disparo, tiene el remate, tiene el autopase en velocidad y ahora tiene también el doble regate en estático seguido de gol. Bale ya es el Bale del YouTube, para catástrofe del franciscanismo mediático que le busca los millones con recelo digno de mejor causa. La de Neymar, sin ir más lejos.

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27 febrero, 2014 · 14:35