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Arte y sacrificio en Isco

Arte y esfuerzo: temible combo.

Arte y esfuerzo: temible combo.

No falla, amigos: cuando las crónicas se centran en el demérito del rival es que el Madrid ha hecho un partidazo. Leemos mucho sobre el desmoronamiento del Borussia y menos de lo necesario sobre los once hombres concentrados en desmoronarlo con presión alta, ayudas defensivas, ambición de gol y claridad de ideas. El Madrid se enseñoreó de la eliminatoria en los primeros veinte minutos y ya nunca la soltó. Es cierto que hay que ir a Alemania, pero un 3-0 en una ida de cuartos de final es renta como para que el madridista llegue absolutamente orgulloso a la oficina.

De entre todos los artífices de la rotunda victoria hay consenso general en torno a la excelencia de Pepe en defensa y de Isco en ataque. Pepe sigue marcando el alto grado de tensión competitiva que necesita el equipo en el punto álgido de la temporada. Lo de Isco, en cambio, es una magnífica novedad del presente curso. Era su día y respondió con arte y sacrificio, vengándose personalmente del equipo que eliminó a su Málaga el año pasado y vengando sobre todo al Madrid de los mismos malhechores. Hizo las dos cosas que ejecuta mejor: deshacer cinturas con el balón cosido y labrarse el hueco preciso para disparar a puerta con la peor de las intenciones. Su gol le dio al Madrid la confianza que necesita para construir el juego sin impaciencias sobre la creciente desmoralización del adversario.

Pero cuando el Borussia quiso rebelarse contra su destino, Isco, que para eso suplía a Di María, también ayudó a la línea de medios tapando la banda izquierda, corrió hacia atrás y se ajustó sin melindres el mono azul de operario pese a que se sabe miembro por derecho de la sociedad general de artistas. A estas alturas de competición no se puede seguir vivo sin mancharse de barro las medias y el malagueño lo entendió perfectamente. Ancelotti cuenta con un Isco fresco y peligroso para las batallas decisivas del calendario.

(La Lupa, Real Madrid TV, 3 de abril de 2014)

La locución aquí, a partir del 67:55.

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Venganza bajo la lluvia

Chupar también es un arte.

Chupar también es un arte.

Tenía que quedarse ahí el marcador, en el exacto 3-0 que colocó con clase Ronaldo tras asistencia traviesa de Modric. Porque ese era el resultado que el Madrid necesitó el año pasado en el Bernabéu y no consiguió, y el que debía ofrendar a la memoria blanca para consumar su venganza con aguacero, canon climático de la venganza desde William Munny. El Real en semis salvo avance de Putin o cosa similar. Hay vuelta en el temible Westfalenstadion, Florida Park o como se llame ahora, pero este Borussia ya no mete el mismo miedo.

Y eso es exactamente lo que repetirán viudas de toda índole y robinsones de toda isla para desmerecer la contundente imagen ofrecida por un Madrid con la enfermería a rebosar de cojos, tullidos y un argentino con dolor de panza. La enfermería del Madrid es hoy por hoy un cuadro de Ribera y yo creo que va siendo hora de inventar otra enfermedad-pantalla que la socorrida y gastada gastroenteritis. Lo importante es que el Madrid sacó la actitud, subió la temperatura competitiva al alto grado que marcan las ingles de Pepe y mandó en el partido de principio a fin.

Isco debía dar el paso y lo dio. De hecho dio demasiados por momentos, la bola sorbida codiciosamente como queriendo resarcirse de muchas suplencias en una sola conducción, pero todos sabemos que el panteón de la fama está lleno de chupones. Lanzó ataques constantes, enlazó con Luka por detrás y por delante con una BBC que planeaba permutándose las posiciones y se fabricó el hueco preciso para trazar un disparo inteligente desde la frontal hasta el palo más lejano a Weidenfeller. Fue el segundo del Madrid: el primero lo había marcado Bale en el minuto tres a pase de un meritorio Carvajal, que jugó el mismo buen partido que la entera línea de zaga, con mención especial a Coentrao aparte de Pepe. ¿Deberemos agradecer también la rotura de los isquiotibiales de Marcelo? Eso es pasarse, pero desde luego con el lateral luso no hay lugar a las puertas herméticamente abiertas que a veces deja la alegría brasileña.

Lo que no vale es decir cuando la paliza al Rayo que esos huevos hay que tenerlos contra el Borussia y ahora destapar que los chicos de Klopp son una recua de mataos y que aquellos que no se ha llevado Pep ahora fuman en los baños. No, no. El Madrid anuló cualquier peligro alemán –ahí es nada, anular el peligro alemán– hasta muy avanzado el partido, y los dos disparos que no paró Pepe con alguna extremidad legítima los paró Casillas para riego de su propia maceta, llena de flores europeas.

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3 abril, 2014 · 1:31

Lluvia en las gradas

¿Por qué me pitáis?

¿Por qué me pitáis?

Sabemos que las metáforas las carga el diablo, pero resulta difícil no advertir en la lluvia que empapó el partido contra el Rayo algo más que agua precipitándose tras un proceso de condensación atmosférica. Aunque se ganó por paliza, en el Bernabéu parecía caer sobre los jugadores cierta melancolía apresurada, cierto derrotismo prematuro que nos enfada.

El público es soberano, y puede descargar sus pitos y sus quejas sobre el equipo cuando lo estime oportuno, pero eso no nos impide señalar que demasiadas veces el público del Bernabéu pasa de soberano a despótico, de cargarse de razón a guiarse por el capricho o el despecho de marquesa, de conducir el calor que la plantilla necesita a evacuar el frío del descontento a la primera de cambio, tras 30 partidos consecutivos sin perder.

Se han vertido ríos de cháchara en los bares de Chamartín sobre qué va antes, el apoyo o la petición de cuentas, sobre si la afición madridista existe para que la diviertan los señores del calzón corto o si los señores del calzón corto han de jugar siempre con el respaldo de su hinchada. Lo sensato es que ambos estamentos, jugadores y afición, se alimenten mutuamente, y como buenos matrimonios se alienten y perdonen también.

Me perdonaréis el tono moralizante, pues no soy argentino como para andar mezclando fútbol y metafísica, pero es que los pitos al equipo del sábado me irritaron. Era obvio que el vestuario estaba tocado, que las derrotas ante Barça y Sevilla habían hecho daño, que lo último que necesitaban los jugadores era añadir a la frustración de las últimas derrotas la reprimenda de los de casa. Comprendemos que el malestar se vaya condensando en nubes situadas en el ceño del aficionado, pero pedimos humildemente que se queden en el ceño y no baje a los labios. Ya habrá tiempo para pedir cuentas, y desde luego este no es el momento.

Es en cambio el momento de dejar el señoritismo en el sofá y acudir al campo a apoyar a un equipo que pelea por las tres competiciones desde el primer año de un proyecto nuevo. Porque si no, luego en Cibeles uno corre el peligro de sentirse un poco Judas.

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Palizas sin calorías

El coloso de Cardiff.

El coloso de Cardiff.

La reforma moral de la grada del Bernabéu es un proyecto hermoso porque es estrictamente irrealizable. Será una de los pocos alardes de genuino romanticismo al que pueda entregarse cualquier madridista tribal o en solitario. Es cierto que Byron cruzó a nado el Helesponto pese a la deformidad congénita de sus pies, pero su hazaña no sirvió a la independencia de Grecia. Hoy Grecia pertenece a Alemania y las gradas del Bernabéu –que hoy vieron un 5-0 y se vaciaron mucho antes de verlo entero y pitaron a Diego López, a Cristiano y a Benzema– pertenecen al alma mesocrática, ternurista e invencible del pipero español, categoría eterna contra la que ya se estrelló Alonso Quijano. ¿Pasó Rust Cohle por Chamartín? ¿Se le reveló allí el secreto de la misantropía? Ya que la reforma moral del Bernabéu no es posible, Florentino Pérez, con pragmatismo, impulsa la reforma urbanística.

El resultado, digámoslo todo, engaña. Apalizar al Rayo de Paco Jémez es como pegar al Dalai Lama y no sirve como termómetro de recuperación anímica, como el crecimiento de las exportaciones no vale para medir la recuperación económica. Hasta el segundo gol, de hecho, el equipo blanco exhibió las mismas dudas que ante Barcelona y Sevilla; la herida, a qué ocultarlo, ha sido profunda. El orgullo podría sanarla en un día, pero de momento el Madrid no lo encuentra dentro de sí y necesitará un pinchazo de sus rivales para enchufarse de veras a la esperanza. La persistencia de la épica culé –penalti y expulsión– no ayuda.

En todo caso se merodeó el área rayista desde el minuto cinco. Illarra quiso ser Modric por momentos pero sus pases al hueco resultan aún de una timidez enternecedora. Xabi recibió algunos gritos de don Carlo motivados supuse por su querencia a las tablas. Pero a cambio están Di María y Bale. Fuera de Suárez no hay otro hombre que simbolice mejor la transición que el galés: va del medio a la banda, de la banda al medio, de la carrera al frenazo, de la asistencia al gol, del poderío a la caricatura también. Ejecuta la pared y el disparo con la suficiencia con que Roddick hacía su tenis de saque y volea. Cambia de ritmo como Butragueño (como dos Butragueños, uno encima de otro). Metió un gol de rematador, otro de fondista para el que partió desde el punto en que Lasa vio al portero adelantado y asistió a Ronaldo con una pausa exquisita, incoherente casi con su potencia. También falló, claro, como falló Benzema, y esta es la parte que nos desespera al pensar en Dortmund.

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30 marzo, 2014 · 14:03

El rock de la cárcel

Parar a Rakitic: una bonita utopía.

Parar a Rakitic: una bonita utopía.

La tentación obvia para un madridista esta noche es vender a Cristiano y a Bale, echar a Ancelotti, raptar a Florentino por todo su dinero y donarlo (su dinero, no a Florentino) a la Fundación Vicente Ferrer que opera en la India; y, de paso que estamos allí, reclutar de entre los basureros de la casta intocable a un selecto ramillete de jóvenes humildes y sanos que quieran integrar la primera plantilla del Real Madrid Club de Fútbol, a poder ser con pinta de tener pegada.

La santa pegada, hay que joderse. Porque la pura verdad de la crónica de este partido, más allá de una gestión miope desde el banquillo, de una cachaza inquietante en la defensa, de una lentitud lacerante en el medio, de una puntería regional en la delantera, la pura verdad, señores, es que el Madrid tiró 26 veces a puerta y el Sevilla dos. Resultado: 2-1.

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27 marzo, 2014 · 13:14

Undiano el Valiente

El brazo bobo de la ley.

El brazo bobo de la ley.

Me extraña que todavía se siga considerando valentía pitarle dos penaltis en contra al Madrid en el Bernabéu. Hace mucho que esa gesta dejó de serlo, o permanece solo como hazaña anacrónica, algo así como si a un paisano le da por pregonar que sabe mandar mensajes por sms en un pueblo alcarreño de 200 habitantes al que todavía no llegó el wifi. Infórmate, hombre: lo tuyo no es novedad.

El caso es que lo he leído en más de un titular: Undiano Mallenco hizo un arbitraje valiente. Yo creo más bien que cumplió dócilmente el guión definido por Juanan con sarcástica lucidez: el Barça recurre a su épica: penalti y expulsión.

Que a Undiano se le considere un valiente es como si Beyoncé va por ahí presumiendo de indie. Claro que en un país donde el coraje democrático emerge solo después de que los dictadores mueran en la cama, tampoco pueden extrañarnos demasiado estas sardinas por el monte, estas liebres por el mar y esta blanda cobardía que nos venden como bravura. Ya he dicho que la zancadilla del penalti a Cristiano se produjo fuera del área, que Undiano tendió a la compensación y que buscándola se le fue la mano al expulsar a Ramos y arruinar el clásico. Para un arbitraje compensado, debió expulsar a Alves. Y a Busquets. Pero no me interesa aquí discutir sobre la moviola, sino poner de manifiesto el tratamiento heroico con el que la prensa antimadridista, es decir, la mayoritaria, ha aplaudido el arbitraje esquizoide y mainstream del señor Undiano Mallenco.

Ancelotti prefirió no hacer sangre en la rueda de prensa porque sospecha, y lleva razón, no solo que quejarse de los árbitros surte hoy por hoy para el Madrid un efecto contraproducente, sino porque ese lamento no ayuda al vestuario a levantarse rápido y a seguir mirando de frente a las tres competiciones. Sin embargo, muchos agradecimos que Cristiano y Ramos verbalizasen en caliente la frustración del madridismo. Ya que nos joden, por lo menos no pongamos la cama.

Después, pasadas las horas, llega el entrenamiento y toca estudiar los errores de juego, que los hubo, y trabajar la defensa y la presión y lo que haga falta. Pero que Undiano, que amenaza con volver al lugar del crimen en la final de Copa, pretenda que nos creamos su valor y su imparcialidad, eso es como pedirle elegancia y estudios a Victoriano Sánchez Arminio.

(La Lupa, Real Madrid TV, 25 de marzo de 2014)

La locución aquí, a partir del 50:18.

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Debate postclásico

El cartel.

El cartel.

Los amigos de Periodista Digital tuvieron a bien invitarme a participar este lunes con (que no contra) Lobo Carrasco en un debate Madrid-Barça, él representando al culé, yo representando al merengue. Lo que más me costó de debatir con Lobo, dentro del probo espíritu de concordia que presidió nuestro coloquio, es susatrer la mirada al dibujo hipnótico que emanaba de la camisa florida de Lobo.

 

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25 marzo, 2014 · 12:12

Llibertat con ira

Sorpasso.

Sorpasso.

Dicen los viejos que en este país hubo una guerra, que hay dos Españas que guardan aún el rencor de viejas deudas. Dicen los viejos que este país necesita palo largo y mano dura para evitar lo peor. Esta letrilla ancestral musitaba Undiano Mallenco mientras por el luminoso del Bernabéu desfilaba el perfil numismático de don Adolfo Suárez, que no hay que olvidar que Florentino fue concejal de la UCD y era por tanto uno de los que le llamaban Adolfo.

Luto protocolario en los brazos de los blancos y azulgrana ininterrumpido en los brazos del Barcelona, que para eso son de un pequeño país que baja a la Meseta principalmente a jugar contra diez y a ponerle el cuenco de la mano al Fondo de Liquidez Autonómica. Las dos Españas que reverdecen en cada clásico necesitan palo largo, el que puso Undiano contra el centralismo engreído, y viejas deudas, las que actualizan los Pepes y los Busquets con odiosa puntualidad. Al final fue otro clásico frustrante para el madridismo, otro día de la marmota diagnosticado por Dick –la épica del Barça: penalti y expulsión– y vigilado por la sonrisa satisfecha del secretario de Estado, señor Cardenal, alto comisionado para esa Marca Espanya que baja del Rey a Iniesta, o mejor: de Suárez a Iker, que también es de Ávila.

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24 marzo, 2014 · 14:29