Archivo de la etiqueta: La sombra de Caín

Normas para una revolución

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Sea posmoderno, derogue la responsabilidad.

Usted, naturalmente, está harto de este mundo, que le parece invivible. Usted tiene poderosas razones para desear cambiarlo, porque una exótica fe le ha convencido de que es más fácil cambiar el mundo que cambiarse a sí mismo, y una infundada esperanza le persuade de que su posición mejorará con el cambio. Usted calienta su fantasía admirando a revolucionarios históricos que voltearon las condiciones objetivas de su tiempo. Por debilidad poética, y al contrario que los buenos narradores, glorifica los principios y olvida los finales, porque al revolucionario le inspira la excitante destrucción del presente, no la trabajosa edificación del futuro. Que tiene la ventaja de que nunca llega, así que todo sacrificio en su nombre está justificado. Usted vive en el siglo de los sacrificios baratos, pero deberá poner algo de su parte para triunfar.

Los revolucionarios modernos reclamaban libertad, es decir, la capacidad de hacerse cargo de sí mismos. Pero la autonomía individual resultó una pesada carga, de modo que las revoluciones posmodernas añoran la tribu. Libérese de la libertad. Su causa será viral si implica la abolición de la responsabilidad. Quién quiere ser libre si serlo limita la empoderadora industria de la queja. Usted es posmoderno: odia responsabilizarse de sus propias decisiones, y por tanto de sus fracasos intransferibles. Examinar la propia conciencia anula la revolución, pero examinar la ajena la desata. Evite examinarse. La autocrítica ya se la harán camaradas más ambiciosos que usted.

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Vuelve El bueno (Tomás Burgos), el feo (la memoria histórica del PSOE) y el malo (Puigdemont)

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5 marzo, 2018 · 11:31

Soldados del amor en Rusia

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¿La nueva Pemán?

Es preciso imaginar el himno de Marta Sánchez en boca de un graderío enardecido por el debut de España en el Mundial de Rusia. Sólo así calcularemos su eficacia prosódica, su idoneidad para el transporte de emociones nacionales. ¿Qué preferimos, «Vuelvo a casa» o «lolololo»? El ministro del Interior, atento a su responsabilidad del Estado, ya se ha pronunciado a favor de la segunda opción, más conservadora. Rajoy o Rivera lo han tuiteado con entusiasmo, pero no se atreven a dar el paso decisivo de pedir su oficialización. Exploremos las ventajas e inconvenientes de la propuesta de Sánchez, Marta, tan opuesta a las veleidades plurinacionales de Sánchez, Pedro.

El texto abunda en apelaciones a la resistencia y al orgullo, y cumple con los grandes temas de la literatura pasándolos por el tamiz patriótico: Dios (a quien se agradece haber nacido en España), el amor (a España) y la muerte (tras de la cual se desea reposar bajo suelo español). El programa resulta, pues, perfectamente canónico. Pero Sánchez es hija de su tiempo, sabe que en 2018 no tiene sentido llamar a las armas; como mucho, a los móviles con cámara. Hemos progresado tanto que hoy los enemigos del español no son los cañones de Trafalgar sino la morriña en Miami, circunstancia que obró en el ánimo de Marta Sánchez el milagro creativo experimentado por Rouget de Lisle la noche en que se le ocurrió La Marsellesa. Y es que los campos de batalla del ciudadano primermundista se han trasladado a su psique.

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Me entrevista cipotudamente Carlos Herrera en COPE por mi libro

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20 febrero, 2018 · 11:49

Noticias de Equidistonia

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Así ve el mundo el equidistante.

Ansiamos la equidistancia porque concede la superioridad moral entre dos cazurros notorios. El equidistante es ese cráneo privilegiado que se asoma al cuadro de la riña a garrotazos -nacionalista español contra nacionalista catalán-, esboza un mohín de olímpico disgusto y se pone de parte de… Goya. Ignora el equidistante que, desde Einstein, su posición en el cosmos ideológico es relativa, y por tanto no la decide él en absoluto sino también la mirada de los demás, incluidos los del garrote. A menudo un equidistante solo es el tonto útil de una causa a la que ni siquiera sospecha que sirve.

El equidistante es lo bastante inteligente para marcar distancias con la estelada, pero no reúne el valor necesario para reconocer su españolía sin el atenuante de la desafección. País de pandereta, vergüenza, quién pudiera no ser español, masculla en Twitter mientras apura su gintonic de enebro en una coqueta terraza de capital de provincia de la cuarta economía del euro. Su mente borgiana traza implacables simetrías sobre los demás -nunca sobre sí mismo- y reparte porciones salomónicas de culpa entre fachas e indepes, centrípetos y centrífugos, Madrid y Cataluña. Luego se sube en su nave espacial y regresa a su blanquísimo planeta, Equidistonia, lejos de este mundo banderizo donde el resto braceamos en la oscuridad.

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El bueno (Regino Hernández), el feo (Andoni Ortuzar) y el malo (Antonio Baños)

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19 febrero, 2018 · 11:55

Es el nacionalismo, estúPPidos

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«¿Pero de qué se quejan, Aitor?»

Nos tenían dicho que la belicosidad era cosa de la izquierda, pero también ese tópico vamos a tener que revisarlo. Hoy el antagonismo más virulento de la política española lo desempeñan Ciudadanos y el PP, mientras Pedro Sánchez se abraza melancólico a Felipe y Pablo Iglesias se abraza enmudecido a su iPhone. Los de Rivera y los de Rajoy se sacuden ya sin mesura, llegan al escaño con el botiquín de campaña y alguno hasta se arremanga antes de pedir la vez. Ya se sabe que las guerras más encarnizadas se las declaran los presuntos aliados. Si algo acredita Ciudadanos es cintura, pero ya no es solo ideológica sino también geográfica: condiciona el Gobierno y al mismo tiempo ejerce la más dura oposición. Y todos los partidos, a su vez, se oponen a Cs. Los ciudadanos con minúscula lo ven y según los sondeos se identifican. Ahora es Cs el partido anticasta.

Por eso cuando Margarita Robles llama camastrón a don Mariano a primera hora de la mañana, suena antes a pellizco maternal que a la diatriba de la portavoz –portavoza para Lastra– de la primera fuerza opositora, u opositoro. «¡Despierta usted!», gritaba doña Margarita, pero su grito nos despertó a todos menos a Rajoy, que cabeceaba aún más aburrido que antes. Vedado el tema catalán por la entente del 155, el PSOE trata de arañar la piel de kevlar del presidente con el enfoque social, la precariedad, la brecha, la pobreza. Pero Rajoy recurre a la memoria ruinosa de Zapatero y todavía le funciona.

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La generosa reseña de Jesús F. Úbeda en Zenda sobre Vidas cipotudas

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14 febrero, 2018 · 13:36

Del silicio al sílex

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Útiles de la Edad del Silicio.

Pocas épocas como la nuestra han facilitado tanto la agotadora tarea de odiar. En el pasado, el odiador se entregaba sin cálculo a una guerra de religión, a una caza de brujas o a un pogromo de judíos, y asumía gustoso el coste reputacional de su turbia pasión. Para odiar a conciencia hoy solo hace falta vivir en el primer mundo, contar con una buena conexión a internet y manejar con soltura un puñado de identidades falsas. Todas estas campañitas de inquisición posmo ayudarán a los historiadores del futuro a corroborar que incluso una civilización tan indudable como la que disfrutamos ofrecerá también nítidos documentos de barbarie.

Yo no renuncio al sueño de romper a odiar un día, pero hasta la fecha he de confesarme trágicamente incapacitado para el odio. Esa carencia me genera una aridez emocional que trato de compensar elaborando listas de cosas muy odiadas, en la esperanza de compartir alguna. El otro día descubrí a una tuitera que le tenía declarada la guerra al pantalón de campana. «¡Ojalá no vuelva jamás!», aullaba. Recordé entonces aquellas pijas deliciosas de mis remotísimos años universitarios que enseñaban la traviesa punta del zapato por debajo del vaquero acampanado. A mí me fascinaban aquellas pijas, no entendía cómo se las apañaban para moverse con tanta naturalidad partiendo con semejante desventaja. ¿Por qué no puede volver ese look? ¿A quién le ofende tanto?

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El bueno (Maite Pagaza y Teresa Jiménez-Becerril), el feo (Irene Montero) y el malo (Francia Armengol) en La Linterna de COPE

Quizá la mejor entrevista que he hecho sobre mis libros en televisión: esta de José María Marco y Nuria Richart para Libertad Digital

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11 febrero, 2018 · 19:04

Por qué legislar pudiendo pelear

No sería justo decir que sus señorías regresaron este miércoles de vacaciones, porque algunas han estado ocupadas en la Diputación Permanente o elaborando iniciativas de sus respectivos grupos. Pero para el gran público, el diputado español solo trabaja cuando se le ve pegarse con otro diputado español. Y eso que tanto echábamos de menos es lo que se reanudó tras el largo parón navideño. Hasta Pablo Iglesias volvió antes a los platós que las sesiones de control al Parlamento. Por cierto que don Pablo escogió un retorno canónico y preguntó por la corrupción, que siempre será una pregunta pertinente mientras en algún lugar Camps siga siendo imputado y mientras en algún tiempo don Mariano siga despertándose después del dinosaurio de Monterroso, que ya ha perdido cualquier esperanza de sobrevivirle.

Por parte del PSOE, que nos amenaza con una «ofensiva legislativa», abrió fuego Margarita Robles a cuenta de la brecha salarial. Le dio así a Rajoy la oportunidad de enmendar su marianismo ante Alsina -«No nos metamos en eso»- y reconocer al menos la existencia de la brecha susodicha merced a los papeles que le habría pasado Dolors Montserrat. Por algo se empieza.

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El autor, por Moeh Atitar para El Español.

Esta entrevista que me hace la temible Lorena G. Maldonado en El Español

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8 febrero, 2018 · 11:47

Entrevista a Federico Jiménez Losantos: «Dejé de ser marxista por ser español»

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Federico.

No hay necesidad alguna de presentar al comunicador más influyente de la derecha española en las últimas tres décadas. Pero sí la hay de leer ‘Memoria del comunismo. De Lenin a Podemos’ (La Esfera de los Libros), porque librará a muchos incautos de perder el tiempo y la moral por culpa del vigente influjo de la ideología más criminal de la historia. Losantos la profesó, salió con vida y aquí explica cómo lo hizo.

Presentas el comunismo como una «teología de la sustitución». Aron y Steiner afirman que más que una ideología, es una religión política. ¿Sin catolicismo no hay comunismo?

En mi generación sin duda. El catolicismo popular español tiene unos ingredientes -igualitarismo, ayudar al débil, obras de misericordia…- que entre nosotros estaban profundamente arraigadas. El protestante se salva por la fe; el católico, por la fe y por las obras. El católico, cuando deja de creer en Dios, tiene que seguir creyendo en hacer el bien. Russell decía que el comunismo se parece más al islam porque es una religión despótica, que te organiza la vida, mientras que el catolicismo, al creer en el libre albedrío, te deja libertad para hacer el bien o no. Si la salvación no llega en el más allá de la religión, tiene que venir en el más acá de la política, que en el comunismo se vive como una forma de redención: propia y de los demás.

Eres de los pocos que se ha leído entero ‘El capital’. Dedicaste años a la formación teórica: Engels, Althusser, Derrida, Foucault… ¿Cómo recuperas el castellano limpio en el que hoy escribes tras semejante exposición a la jerga marxiana?

Mi tesis doctoral sobre las acotaciones en los esperpentos de Valle-Inclán la hice a base de Kristeva, Barthes y los formalistas rusos, porque entonces la filología seguía la senda de la semiología, que era una mezcla de marxismo y psicoanálisis. En esa época escribía muy mal, por eso no he publicado nunca mi tesis. Esa jerga universitaria debería ser delictiva. Uno necesita aprender a escribir claro, no para presumir de que escribes sino para que alguien te lea, y eso es lo más difícil. Tienes que ir a los clásicos españoles, que es donde se aprende realmente a escribir.

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5 febrero, 2018 · 11:28

Entrevista en Crónica Global

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El autor.

Jorge Bustos (Madrid, 1982) es uno de los jóvenes columnistas más reconocidos del país. A sus 35 años ha sido elegido como nuevo director de Opinión de El Mundo. Pero también él, licenciado en Literatura, ha sufrido como el resto de sus coétanos la crisis económica. Hace solo tres años estaba en el paro, y cuando tuvo trabajo cuenta que era «menos que mileurista». Pese a ello nunca ha sido una voz indignada. Todo lo contrario.

Bustos tiene varios frentes abiertos: Podemos, el nacionalismo catalán y los que le acusan de una prosa cipotuda, que sería una mezcla de un estilo rimbombante y de virilidad exacerbada. Es precistamente este mismo concepto el que da nombre a su nuevo libro, Vidas cipotudas, en el que el autor mira con dulzura ese carácter cabezón y poco refinado tan español que «los nacionalismos autóctonos» y la «propaganda extranjera» convirtieron en leyenda negra.

-Pregunta. ¿Hasta qué punto su libro es una defensa de España, en un momento en que la unidad está amenazada? ¿Por qué en España nadie habla bien de España?

-Respuesta. El libro sólo es una defensa de España en la medida en que es un aproximación admirativa, a veces patidifusa, a los propios españoles. Yo he escrito este libro con la boca abierta. ¿Cómo pudimos ser tan desaforados, tan insensatos, tan geniales? Hablar mal de nuestra historia, aparte de un alarde de pereza intelectual, es la máxima expresión de cipotudismo: solo un cipotudo calderoniano, quijotesco, de un arrogante idealismo, cae sistemáticamente en el desprecio infundado de lo propio. Quien solo advierte los defectos es porque tiene complejo de austria menor. Al austria menor todo le parece decadencia…

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Y aquí una entrevista en Bernabéu Digital, que hacía mucho que no hablaba del Madrid

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30 enero, 2018 · 14:15