
Nos hemos reído mucho de las ínfulas académicas de Begoña Gómez, que están en el origen psicológico de su (presunta) corrupción. Su caso calca el arco narrativo de innumerables novelas de iniciación y picaresca donde el ambicioso protagonista logra desclasarse y escalar a la cima de la pirámide social. Una vez allí paladea por unos años el privilegio de codearse con aquellos que se mofaron de sus orígenes plebeyos; y si puede, se venga de ellos. Pero como nuestro personaje medró en virtud de pactos fáusticos y secretos inconfesables, cuando menos se lo espera el pasado vuelve a visitarlo, el velo de su impostura se rasga y la sociedad entera precipita la caída ejemplar mientras el lector aplaude entre divertido y satisfecho.













