
De todas las hipérboles alimentadas por el regreso de Trump a la Casa Blanca hay dos que resultan especialmente difíciles de aceptar. La primera anuncia una nueva era y el fin del mundo tal como lo hemos conocido: uno regido por el orden liberal. Como si el mundo que conocimos en el siglo XX (incluida su segunda mitad) no hubiera estado regido por la fuerza y el interés de las superpotencias. El mundo como voluntad de poder no ha cambiado: solo está cambiando el mundo como representación, por decirlo al modo de Schopenhauer.













