Archivo de la etiqueta: humanismo o muerte

Porque no saben lo que hacen

cristo

Cristo, por Dalí.

Del testamento de Ibrahim El Bakraoui sorprende que no mencione a Alá. El manual de estilo de Daesh -esa estricta sección de necrológicas- prescribe invocaciones lunáticas que aquí faltan por tratarse más de un desahogo que de un legado público; pero es justo su carácter privado lo que invita a creer en su sinceridad. Y el terrorista confiesa allí dudas operativas vulgares: afirma que se siente asediado, que no sabe qué hacer, que no quiere acabar en una celda como Abdeslam. Es el diario de un criminal estresado, no de un fanático religioso.

Que los yihadistas son europeos lo dicen su cuna y el garantismo que ampara sus enojosas idas y venidas por Schengen. Que no lo son lo avala su cerebro premoderno, agusanado por ese código del crimen teocrático que llaman sharia. Pero el horror tiene sus clases, y la mente pragmática de Ibrahim quizá se parezca más a la del funcionario del genocidio que describió Arendt. Cuando a Von Braun, el físico nazi que diseñó las bombas V1 y V2 y que acabó fichando por la NASA, alguien le preguntó si se arrepentía del invento que había destrozado Londres, él respondió en impecable prusiano: «Mi problema es el cohete desde que despega hasta que aterriza. De dónde despegue y en dónde aterrice me da igual». Savater ve en esta respuesta la definición canónica de amoralidad: una cesura entre medios y fines. O sea, lo contrario de la trabazón que persigue el humanista.

Pero el ideal civilizatorio que exigimos del europeísmo requiere un esfuerzo, como ser mujer según Beauvoir: uno no nace europeo aunque sea parido en París o Bruselas, sino que se hace. Pues bien, igual que hay europeos que dejan de serlo por desidia, hay otros que no llegan a serlo por un activismo pervertido. Empecé a sospechar que los yihadistas pertenecían a este tipo de europeos puramente circunstanciales cuando leí que Daesh recluta a jóvenes musulmanes españoles con este cebo: «¿Quieres jugar al Call of Duty pero de verdad?». No Alá, no el gran califa, no las 72 huríes: el reclamo es un videojuego de disparos. Y ahí demuestran conocer bien la mentalidad hedonista del occidental: tan solo se trata de llevar su ansia de adrenalina hasta el final.

Leer más…

Deja un comentario

25 marzo, 2016 · 10:47

‘Homo lupo homo’

14578872843289

Lobo aullando por salir de la Puerta del Sol.

Los domingos, al objeto de mantener mi apolínea silueta, suelo acudir al gimnasio para correr en la cinta, manipular cosas pesadas y entregarme a villanías por el estilo. Con el fin de elevarme de la condición de hámster a la que tan ingratos ejercicios me reducen, me pongo los auriculares y escucho documentales de filosofía a modo de compensación espiritual. Yo preferiría no tener que reservarme para mí las teorías de los grandes genios del pensamiento, sino que éstas fueran difundidas a través del hilo musical del gym, lamentablemente copado por los gorgoritos de Taylor Swift y las guturalidades de Pitbull; pero los atléticos muchachos que regentan el local no comparten mi punzante curiosidad por la síntesis entre materialismo y platonismo de Santayana o la estructura del control social en Foucault.

Leer más…

Deja un comentario

14 marzo, 2016 · 11:42

Quién pudiera escribir como Stevenson

ph_0111201588-Stevenson

Stevenson, a los mandos.

Nació con el don de narrar, y por eso los aborígenes de Samoa, entre los que se retiró a morir antes de tiempo, lo llamaron Tusitala: «el que cuenta historias». A Robert Louis Stevenson (1850-1894) le debe la historia universal del relato dos cimas tan felices como La isla del tesoro o El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, pero la misma gracia que bendice sus narraciones articula sus pensamientos. Que el Stevenson ensayista resulta tan asombroso como el Stevenson narrador es algo que Borges y Chesterton -dos de sus apóstoles más devotos- conocían de sobra, pero a esa buena nueva le faltaba cabal difusión en castellano.

De subsanar tal deficiencia se ha ocupado la editorial Páginas de Espuma, que acaba de publicar la obra ensayística del escocés, espigada principalmente de colaboraciones en prensa de la época. La editorial agrupa estos textos en forma de trilogía –Escribir, Viajar y Vivir-, cuyos tres tomos y más de mil páginas acotan una biografía tan breve por culpa de la tuberculosis como productiva. Un monumento editorial.

Se ha reproducido mucho aquel aforismo suyo: «Es mejor caminar lleno de esperanza que llegar». La máxima vale también como preceptiva del arte del ensayo que es, desde Montaigne, el género de la fluencia y la ondulación: de la elasticidad del pensamiento sin meta clara pero con paso honesto. La prosa de Stevenson recuerda un poco a la de Zweig en su capacidad proteica para hilar la observación aguda y el recuerdo personal con la cita de autoridad, siempre bajo el mandato cortés de resultar ameno. El lector agradece el tono vitalista y disfruta de la suavidad con que se le pasea del registro dramático al humorístico. Posee Stevenson el sentido del ritmo como si hablara: piensa narrando, aderezando la idea con la imagen. Y no se resiste a insertar anécdotas, ni a amueblar la imaginación del lector con pinturas precisas de ambientes y caracteres.

Leer más…

Deja un comentario

5 enero, 2016 · 10:46

Entrevista (sincera) en Res Publica

IMG_1932 (2)

Quedo con Jorge en un bar que casualmente está cerrado. Vamos a otro bar. Que también está cerrado. Empezamos a ponernos nerviosos justo cuando encontramos, en las inmediaciones del Congreso, el bar en el que finalmente tenemos la entrevista. Las primeras preguntas fueron tensas. En las siguientes me apetecía pedir otra cerveza. Y al final estuve a punto de pedirle que me acompañara a hacer algo más. A ver Madrid, yo qué sé. A cualquier cosa. Pero le habían pedido que escribiese un artículo.

¿Son más felices los aspirantes a periodistas que entre el resto de carreras? Ser periodista es resignarse a cobrar poco al principio (menos que la media) porque prefieres hacer lo que te gusta.

No sé si es así. La felicidad la definiría por la vía negativa, como hacían los escolásticos con Dios. Por la vía negativa se podría definir la felicidad así: uno no se da cuenta de que es feliz, se da cuenta de que es infeliz. La felicidad se conjuga en pasado. Pero eso lo descubres más tarde, como decía Gil de Biedma.

 ¿Y eres feliz con tu trabajo?

La felicidad relacionada con la vocación laboral es un factor que completa a la persona. Hay personas que tienen todo su potencial de sentimiento centrado en las relaciones personales, y con eso son felices. Pero normalmente la gente tiene dos vocaciones: su trabajo y su familia. Si falla una de las patas, no se es del todo feliz.

En mi trayectoria profesional es verdad que he pasado por el deseo y la frustración de no alcanzar la estabilidad, y al final he obtenido un premio más o menos modesto. Y rezo para que se mantenga porque esto tampoco está asegurado. La verdad es que uno no plantea estrategias para llegar a la meta. De hecho no estudié Periodismo: estudié Filología Clásica. Cuando terminé el primer ciclo de Filología mi facultad (la de Filología en la Complutense) acababa de abrir una nueva licenciatura: Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Muchos filólogos de primer ciclo decidimos ampliar miras en vez de seguir con una filología especializada y nos decantamos por el estudio teórico de la literatura: en EEUU y otros países estaba esa licenciatura desde la posguerra mundial. Mi catedrático, Antonio García Berrio, fue el que instauró esos estudios en España, en la Complutense.

A partir de ahí teníamos dos opciones: matricularnos en los cursos de doctorado y comenzar la carrera de la docencia -que es desesperantemente lenta en este país- o, para los que no teníamos paciencia, nos quedaba el periodismo.

Yo empecé a publicar a los 19 años críticas literarias. Lo primero que hice en mi vida, la primera vez que aparece mi nombre en negro al final de un texto, es en una crítica literaria.

Leer más…

Deja un comentario

31 diciembre, 2015 · 14:17

El misterio de Belén

original

El misterio, pintado por El Greco.

Hemos rodeado la Navidad de villancicos mecánicos, de campañas invasivas, de cuñados arquetípicos -de rito social, en suma- porque ya no podemos soportar sin escándalo la desnudez del hecho histórico que pone a andar nuestra civilización. Hay que reconocer que el cristianismo, como estrategia de marketing, no puede ser más torpe. Su fundador nace en un comedero de bueyes, pasa treinta años en un taller de carpintería y el éxito de su predicación se ciñe a tres años no exentos de asechanza, al término de los cuales es ejecutado como un delincuente común. Sus seguidores causarán escándalo en Roma porque reivindican el signo de la cruz, que es como si hoy los yanquis llevaran pendiendo del cuello una pequeña silla eléctrica.

Aún peor, dice Carrère, que quiere explicarse la fuerza persuasiva de la secta cristiana. Los hombres están hechos de tal modo que quieren el bien de sus amigos y el mal de sus enemigos. Prefieren ser fuertes que débiles, ricos que pobres, dominantes que dominados. La religión griega no prescribía otra cosa, y la piedad judía tampoco: antes bien una vida principal era el primer síntoma de la predilección divina, de conformidad con el sentido común humano. Pero a partir del siglo I empiezan a pulular unos hombres que no solo dicen sino que hacen exactamente lo contrario. Inspirados por el ejemplo de su líder, bendicen a sus perseguidores, reparten sus beneficios y trasladan la esperanza a una vida ultraterrena incluso al precio del bienestar más inmediato, sin que quede clara la sensatez de la apuesta. Al principio no se les comprende. Pero después los romanos, peritos en hedonismo exhausto, comienzan a envidiar la intensidad vital que los cristianos logran extraer de esa conducta aberrante. Y prende en los habitantes del Imperio el deseo de ser como ellos.

Leer más…

Deja un comentario

25 diciembre, 2015 · 11:41

El puente de Spielberg

30

Tom Hanks, como el idealista letrado Donovan.

Spielberg ha entregado nada menos que una película de Spielberg, gesta que probablemente hoy sólo esté al alcance de Spielberg. Sin ser redonda, El puente de los espías abunda en momentos memorables.Uno de ellos nos presenta al abogado Donovan -nuevo Atticus Finch del garantismo judicial- respondiendo así al agente Hoffmann de la totémica CIA, quien le intimida para que viole el secreto de confidencialidad en aras de la seguridad nacional, madre de todos los pretextos despóticos:

– Usted se apellida Hoffmann. De origen alemán. Yo soy Donovan, de origen irlandés. ¿Sabe usted lo que hace que ambos seamos americanos? El reglamento.

O sea, la Constitución. En la película, Donovan se queda solo defendiendo aquel sencillo axioma que insiste en que sin ley no hay libertad: los periódicos, los policías, los jueces y hasta su esposa se muestran incapaces de entender que la superioridad moral del estilo de vida americano sobre el soviético emana precisamente de la observancia estricta del reglamento. Sobre el puente de Spielberg se canjean espías pero no principios: no hay equidistancia posible, y si la CIA queda retratada en su legendaria arbitrariedad es porque el antiamericanismo es el hijo autocrítico del americanismo más noble (aún esperamos una peli castrista anticastrista). Se dice que el comunismo se derrumbó por el efecto publicitario de la industria de consumo; pero la famélica legión del Telón de Acero tenía sed de libertad, no sólo de Coca-Cola.

Leer más…

Comentario en COPE sobre el comedero de patos o debate Sánchez-Rajoy

Deja un comentario

15 diciembre, 2015 · 11:29

Crisis de la república

37366_1.jpgHablar de la lucidez de Hannah Arendt (1906-1975), como de la de Aron o Camus, se ha convertido en un estereotipo, pero lo es hoy porque no lo fue ayer. No lo fue en absoluto. Hoy el sintagma «banalidad del mal» es manejado con naturalidad por columnistas que acaso jamás abrieron un libro de Arendt, pero en su día aquella idea causó escándalo en la comunidad académica biempensante (que no ha evolucionado lo suficiente, por desgracia) y condenó al ostracismo a quien, enviada a Jerusalén como cronista del proceso de Eichmann, se limitó a registrar -y a tratar de interpretar luego- lo que veía: no a un monstruo notorio sino a un funcionario aséptico del terror. Un humano, demasiado humano.

La autora de ese monumento exegético del siglo XX que es Los orígenes del totalitarismo, a diferencia de su maestro y amante Heidegger, nunca se permitió demasiadas dosis de abstracción: nunca pensó al margen de la coyuntura sociopolítica, e incluso de la actualidad más reporteril. Esta aguda aptitud para combinar periodismo y filosofía vuelve a brillar en estos ensayos políticos que la editorial Trotta reedita bajo el pertinente título de Crisis de la república. Se compone de cuatro piezas que analizan, al hilo de la publicación de los papeles del Pentágono, el rol de la mentira en política, materia en la que América empezaba a perder la virginidad que Europa perdió hace siglos; el concepto de desobediencia civil a propósito del movimiento por los derechos civiles o contra la guerra de Vietnam; la legitimidad o no de la violencia como partera del progreso. El libro se cierra con una jugosa entrevista en la que Arendt responde con provocadora paciencia a las preguntas escandalizadas de un periodista que portavocea la corrección política de 1972, año de la primera edición del libro.

Leer más…

Deja un comentario

14 diciembre, 2015 · 17:41

Utopía y hambre

maduro-afp--620x349

Revolussssssiónnn.

En carta de 1858 a su amigo Engels, describe Marx a Simón Bolívar como «el canalla más cobarde, brutal y miserable». Y desmonta la épica del Libertador añadiendo: «La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es Bolívar».

A Marx le había encargado un editor de Nueva York un artículo sobre Bolívar que resolvió sin concesiones a la figura del héroe, al que pinta como un traidor rencoroso que huye el primero en las derrotas, permite largos saqueos en las victorias y conspira contra su rival Piar porque le llamaba «el Napoleón de las retiradas». Piar fue fusilado y Bolívar siguió persiguiendo su sueño de una gran dictadura sudamericana.

Nos conmueve leer a Marx cargando contra la mitomanía bolivariana que su propia obra sustenta aún hoy en Latinoamérica. Es como leer a Freud cargando contra la verborrea de los psicoanalistas argentinos. Lo cierto es que el marxismo lleva siglo y medio peleándose con la realidad y perdiendo siempre, con el agravante de que sus derrotas las pagan en piel poblaciones enteras inmoladas sobre el altar chorreante de la igualdad: la diosa más sanguinaria que el mundo ha conocido.

Leer más…

Deja un comentario

8 diciembre, 2015 · 13:23