
A Madrid siempre lo han definido mejor los de fuera, a veces con la palabra, otras veces con la técnica y siempre con su desvelo, con su confusión de recién llegado y su orgullo de madrileño fetén pasados cinco minutos. Fue un gallego quien localizó el aire de la ciudad en algún punto entre Navalcarnero y Kansas City, y fue otro quien se ocupó decididamente de que dejara de ser ese lugarón manchego poblado por subsecretarios para romper en metrópoli moderna. El rompeolas de todas las provincias, desde la entraña misma del monumento que él imaginó y hoy ejerce de consistorio, devuelve ahora el caudal de su gratitud a Antonio Palacios cuando se cumple siglo y medio de su nacimiento.













