Archivo de la etiqueta: Genios absolutos

Unamuno no venció, pero aún sigue convenciendo

Es justo que la Biblioteca Nacional dedique una exposición al hombre más libre de una España de fanáticos. Diez años tenía Miguel de Unamuno cuando vio entrar a las tropas liberales en Bilbao y sintió que su corazón de «niño viejo» cabalgaba con ellas como si fueran contradicciones. En el laberinto de causas políticas y controversias históricas que fatigó el menos cerebral de nuestros intelectuales parece fácil perderse, pero es más fácil encontrarse si tiramos del hilo intacto de su espíritu, que siempre toma partido infalible por el individuo y no la masa, por la dignidad y no la ideología.

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26 octubre, 2024 · 9:05

Borromini y Bernini luchan a muerte en Roma

Un documental de A Contracorriente Films relata la lucha a muerte entre los dos últimos gladiadores de Roma. La pelea enfrentó a un napolitano con un suizo hasta que uno logró acabar con el otro sin necesidad de tocarlo. Durante cinco décadas del siglo XVII los romanos asistieron sobrecogidos al progreso de su odio, que iba cristalizando en las calles y plazas de toda la ciudad. Sus armas no fueron el tridente o la red sino el escoplo o el lápiz. Al rastro sublime y feroz de su contienda se le llamó barroco.

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20 octubre, 2024 · 11:09

Rafa o el tenis considerado como un reto moral

Era el único tenista que jugaba con el alma. Y eso que el suyo no era precisamente un cuerpo vulgar. Incluso un observador tan inteligente como David Foster Wallace abonó el tópico maniqueo del poderío físico de Rafa frente a la elegancia mística de Roger. «Nadal es la némesis de Federer. Se enfrentan la virilidad apasionada del sur de Europa contra el arte intrincado y clínico del norte. Dionisio y Apolo. Cuchillo de carnicero contra escalpelo». Error, David. Te traicionó la sensibilidad protestante.

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14 octubre, 2024 · 8:19

Polvo seremos, pero polvo de estrellas

Los vikingos llegaron a América, pero hoy allí no se habla precisamente sueco antiguo. Por eso no basta con haber llegado a la Luna: ahora se trata de colonizarla. O al menos eso pensó Elon Musk cuando fundó SpaceX, compañía aeroespacial que aspira a satisfacer el persistente anhelo humano de ir más allá. El mismo anhelo que devoró corazones tan distantes como el de Alejandro Magno, el de Magallanes, el de Oppenheimer. Quizá nada defina mejor al hombre que su deseo de ser algo más que un animal o apenas nada inferior a un dios.

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16 septiembre, 2024 · 8:06

La fórmula indomable de David Gistau

Conocí a David Gistau en el mesón Paxairiños de Madrid, un asturiano tradicional de esos que predisponen a la desinhibición de la amistad y a la derrota de todos los eufemismos. Debió de ser hace catorce años, en 2010, yo andaba en la veintena larga y empezaba a ser lo que siempre había querido ser. No poeta ni narrador: exactamente columnista. A Gistau lo había traído al mesón para presentármelo Ignacio Ruiz-Quintano, que lo apadrinó en sus inicios como luego hizo en los míos, pertrechándonos de referencias clásicas (pero olvidadas) del articulismo español. El almuerzo fue un festín dialéctico. Recuerdo que David y yo lo rematamos intercambiándonos los números de teléfono y que esa misma tarde le escribí agradecido, y que me contestó al instante con aquella camaradería tan suya que confinaba con la generosidad. Había conocido por fin al hombre tras la firma que buscaba con avidez en La Razón y en El Mundo desde mi primer curso universitario. Había contraído con él, con su personalidad impresionada en el folio como el fogonazo atómico que tizna la tapia blanca, una misteriosa sensación de familiaridad. Las columnas de Gistau suponían una ampliación del campo de batalla: yo no sabía que se podía escribir en periódicos de tan irreverente manera hasta que lo leí.

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19 agosto, 2024 · 11:22

Cuando el arte español hizo la revolución

A finales de 1885, en vísperas de la muerte de Alfonso XII, dos políticos leales al bien común, escarmentados de las guerras y asonadas que habían marcado el siglo XIX, se reúnen en El Pardo. Uno es conservador y el otro liberal, pero pactan sus discrepancias para dotar al país de estabilidad a través del turnismo, que no fue otra cosa que la aceptación de la legitimidad del otro para gobernar. Eran Cánovas Sagasta: el artífice de la Restauración y el reformista que impulsó la modernización del régimen. Un cuarto de siglo después ocupaba el poder otro liberal, José Canalejas, al que le gustaba detenerse ante los escaparates de las librerías. Ese fue el momento que aprovechó el anarquista Manuel Pardina para dispararle por la espalda. España había cambiado, la cuestión social imponía sus urgencias y la atenta retina del arte no dejaría de registrarlas.

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8 julio, 2024 · 8:19

Guardián blanco entre el centeno

El rey de Europa no quería confiarse. Porque sabe desde antiguo que el exceso de intimidad con la leyenda pierde a los héroes. Por eso luchó hasta el final contra su condición de favorito. Por eso cuando advertía contra el riesgo escondido entre el centeno alemán, en realidad se estaba asustando a sí mismo. Porque ha desarrollado tal dependencia de la épica que se siente incómodo en la facilidad. Este Madrid de época se ha enamorado de su propia estatua heroica y necesita el placebo de la dificultad. Sólo cuando sintió el zumbido de las avispas alemanas envolviéndolo como un enjambre durante toda la primera parte, se metió en el partido.

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2 junio, 2024 · 21:57

Lógica, ascética y sevillanía

Toda lógica inaccesible de Morante de La Puebla está contenida en una anécdota que cuenta Lucas Pérez en el delicioso libro que acaba de publicar (Otras 300 anécdotas taurinas, La Esfera de los Libros). El genio se presentó en casa de Padilla, a quien un toro le había vaciado el ojo izquierdo en Zaragoza. Llevaba consigo el visitante un guacamayo turquesa y se lo ofreció a su tuerto compadre: «No hay pirata sin su loro». Cómo no aceptarle un obsequio así justificado y cómo no sufrir que Morante apenas consintiera cuatro pases a su primero, los suficientes para descifrar la inutilidad del animal para su propósito artístico. Lo mató antes de que terminaran de sentarse los rezagados del gintonic. El público que abarrotaba la plaza atraído por la indeclinable promesa morantista estalló en pitos contra el capricho de su ídolo, pero el bicho derrotaba y José Antonio no regala el cuerpo gratis: solo si puede sacrificarlo a mayor gloria de su arte. Es la lógica del genio y bien está que sea incomprensible. Hasta que en el quite del primero de Aguado va el del loro y ofrece tres verónicas que voltean la inquina del respetable: ovación ardorosa, ciclotimia fascinante de Las Ventas.

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30 mayo, 2024 · 8:22