
La campaña se está desarrollando de tal manera que los españoles empiezan a dudar no de la derrota de Pedro Sánchez sino de su existencia. ¿Es Sánchez un candidato real o un ente de ficción? ¿Hay un partido bajo cuyas hipotéticas siglas se presenta? ¿Hemos descartado demasiado rápido la escalofriante conjetura de que nos haya gobernado un holograma los últimos cinco años? Los fantasmagóricos estertores del sanchismo justifican la formulación de todas estas inquietudes, y mientras no se resuelvan Feijóo debería abstenerse de seguir cuestionando la credibilidad presidencial, porque no hay derecho a reclamar ética de los espectros. Solo estética.













