
Ya falta menos para que los cuadros de Rubens terminen arrumbados en el sótano del Prado, piadosamente cubiertos por un velo de pudor o de censura. Puede que ningún hombre mirara jamás con deseo a las tres Gracias, pero no vamos a negar que las mirara con envidia. En aquella época pocos europeos disfrutaban de tres comidas diarias, de modo que el criterio artístico se rebajó al económico. El ser social determina la conciencia estética, por explicarlo en los términos de un buen marxista.













