La investidura se produjo hace unos días lejos de Madrid, en un hotel bruselense, pactada por un fontanero del PSOE -otros dicen que electricista- y un delincuente fugado de la Justicia. Pero como el espectáculo debe continuar y hay que guardar las apariencias, se ha programado en el Congreso una representación teatral en funciones de placebo democrático, a fin de tranquilizar a los burgueses que aún creen en el tinglado.
Este periódico ha accedido a la identidad secreta del verificador que visará la gobernabilidad de España. Sabemos que es gambiano y experto en procesos de descolonización, por lo que opera bajo el seudónimo de Kunta Kinte. Estamos en disposición de ofrecer la transcripción de su primera entrevista con Sánchez. Este periódico ha accedido a la identidad secreta del verificador que visará la gobernabilidad de España. Sabemos que es gambiano y experto en procesos de descolonización, por lo que opera bajo el seudónimo de Kunta Kinte. Estamos en disposición de ofrecer la transcripción de su primera entrevista con Sánchez.
-Bienvenido a La Moncloa, señor Kinte. Así que es usted el enviado del president. ¿Le gusta la NBA?
-No he venido a hablar de baloncesto. Ustedes los españoles explotan una colonia en el noreste peninsular que lleva siglos tratando de emanciparse. ¿Qué pasos dará para revertir la opresión de Cataluña?
Rebelde es el individuo que dice no. La definición de Albert Camus, al que Sánchez ha tenido el cinismo de citar en Málaga, reviste la sencillez de lo exacto. Pero no todas las rebeldías valen igual. La mujer o el hombre que se rebela en Barcelona, en la plaza de Sant Jaume, frente a la sede del inicuo poder que planea extranjerizarlo revela un coraje que Madrid no exige. Remontar la corriente en contra de La Rambla con tu bandera de España no es lo mismo que ondearla a favor por el paseo de la Castellana.
Me escribe gente espantada con lo que está pasando y no entiendo por qué. Comprendo la depresión de mis amigos de izquierdas -los que aún vinculan su identidad política con la igualdad, no con el paquete que marca el timonel-, porque les han robado el partido y las causas por las que lo votaron. Pero me sorprende que mis amigos liberales y conservadores se dejen llevar por cierto pesimismo paralizante. Incluso me enfada. ¿Pensabais que la democracia es natural como el yogur o gratis como la radio? ¿Leísteis que el precio de la libertad es la eterna vigilancia en una taza de café con leche de soja?
En la tristeza facial de Salvador Illa reconocemos la desairada condición del pagafantas. Pero si estos días vemos a don Salvador más triste que de costumbre no es porque le avergüence defender ahora la amnistía que en julio declaraba tan inasumible como el referéndum, sino porque sabe que esa amnistía engorda la factura de las fantas hasta el punto de quiebra de sus expectativas de poder. El candidato que ganó las elecciones en Cataluña no pudo armar su investidura y sueña con llegar a Sant Jaume en la próxima intentona. Pero con Puigdemont regresando triunfal a Barcelona en fechas no lejanas, para delirio de las masas amarillas y reactivación inevitable del procés, la ensoñación presidencial del pobre Illa se esfuma a la misma velocidad que el valor de su palabra, que los votos prestados de Arrimadas y que la farsa del reencuentro que trata de vendernos con su untuosa vocecilla de sacristán de Montserrat.
A los primeros que denunciaron la «dictadura blanca» que Tarradellas advirtió en su sucesor. A los que informaron de la naciente corrupción sistémica mientras les dejaron.A los que jamás se avergonzaron de sus raíces extremeñas o andaluzas o aragonesas, aunque hablaran catalán mejor que los señoritos con ocho apellidos. A los que apoyaron a la izquierda catalana creyendo de buena fe que la guiaba el principio de igualdad, pero ni un minuto después de descubrir su síndrome incurable de charnego acomplejado o pijoprogre xenófobo. A los que se negaron a identificar lo español con lo franquista sin dejar de recordar el prolongado éxito del falangismo catalán. A los que asumieron el coste personal de meterse en política en Cataluña para romper la espiral de silencio. A los que siguieron opinando cuando opinar significa significarse.
Por una día el Congreso se honró a sí mismo y las señorías allí presentes abrieron un paréntesis de añorada solemnidad para renovar la vigencia de la monarquía parlamentaria. Nadie echó de menos a los que faltaron salvo el presidente en funciones, visiblemente incómodo por el protagonismo que le robaba Leonor de Borbón. Pegaba tanto Sánchez en el acto de hoy como una tarántula en un trozo de bizcocho. Y él sabe bien por qué.
En el mejor discurso de la historia del cine, el coronel ciego de Esencia de mujer que encarna Al Pacino les explica a los niños pijos de un college de élite cómo reconocer la integridad cuando todos menos uno la han perdido. Es decir, cuando la desfachatez ha quedado elevada a norma solemne.