
La normalización de Cataluña es una farsa con dos protagonistas en apariencia antitéticos pero estratégicamente complementarios: Salvador Illa y Santos Cerdán. El arquetipo cervantino parece aquí inevitable: el quijote de la concordia y el sancho de las tajadas. El primero, que se declara democristiano, es el encargado de poner las velas a Dios en Sant Jaume mientras el segundo, que acaba de escaparse de una escena de Los Soprano, se las pone al diablo en Suiza. Recuerden el chiste de romanos, con aquel emperador que se desesperaba porque los humanos estaban comiéndose a los leones en el Coliseo.













