
Vuelve uno de la Colombia de Petro a la España de Pedro sin ser capaz de encontrar las diferencias. Aún peor: el balance favorece a la seriedad gubernativa de Macondo. Me despidió un apagón propio de sociedades preindustriales y me recibe un robo de cobre que le habría dado vergüenza relatar a la abuela de García Márquez. Nuevamente los juglares de progreso correrán a desollarse los dedos en las cuerdas de sus liras subvencionadas cantando el civismo de los diez mil viajeros tirados en los vagones durante horas: dos lunes negros más y España será declarada tierra de misión. El contribuyente español ya merece la misma condescendencia colonial que esos niños sudaneses de tripa hinchada y sonrisa invencible con los que posan las influencers en verano: «¡Con qué poco son felices!». Si el filipino Tagle sale elegido papa podría arrancar su pontificado en Toledo, y así reanudamos la historia donde la dejaron los visigodos.













