
El hombre del momento, quizá de la década, sigue sin aparecer por las sesiones de control a pesar de ser diputado. Se conforma con tiranizarlas a golpe de ausencia y vigorosa lejanía, como Carvajal con la banda derecha del Madrid o como el primer amor de los erasmus. Hablamos, claro, de don José Luis Ábalos Meco, el terror de los paradores, ciclón de Teruel y tornado de Sigüenza, el hombre que incomprensiblemente jamás se presentó al casting de Los Soprano: la garganta más profunda a este lado del río Turia. ¡Qué no habríamos dado los plumillas por atestiguar la irrupción en el hemiciclo de don José Luis, la zancada lenta y la mirada al tendido, en mitad de una intervención del amigo con quien tanto quería, compañero del alma, compañero!













