Archivo de la categoría: Zoom News

La insoportable gravedad de ser del Madrid

El Madrid salió con ganas de dar otra imagen que la de la radiografía ficticia de una hernia, pero con la tranquilidad que da saber que no se puede jugar peor que contra el Levante, en palabras de Carletto. Lo cierto es que hizo su mejor partido de Liga desde que lo entrena el italiano, lo cual no es decir mucho, pero es decir algo. El equipo no se partió, dominó sin pájaras, mantuvo el orden y enseñó actitud a falta de Pegada, que es el nombre de la undécima musa y no siempre está de humor para abrir los findes.

La raya euclidiana en la cabeza de Ramos expresaba una voluntad de disciplina defensiva, aunque no siempre basta con peinarse. Tampoco le bastó a Cristiano, pese a que fue el mejor del partido junto con Di María (otra vez Di María), quizá porque Cristiano, más que un peinado, lucía un arañazo. Probablemente sea más efectivo el rasurado integral por el que opta Wilfredo Caballero, negativo porteño de Wilfredo el Velloso, que paró tanto que parecía parar por vicio ya, y quizá sea ese rostro de vicioso agresivo el que le impida salir en anuncios deteniendo tablets, porque otra razón no la entendería. Qué portero, Caballero, que buen Caballero era, diría Alberti.

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21 octubre, 2013 · 13:21

La rebelión de los fulares

Este año acude uno a las sesiones de control en expectativa alegre de cataratas o de tetas, o de ambas cosas, pero esta vez solo hubo parlamentarismo, es decir, aplausos y abucheos. Qué se le va a hacer, no siempre el Parlamento puede escapar a la representación sociológica del pueblo.

La principal novedad ha sido la presencia de Duran Lleida, el tercer hombre, quien en los últimos tiempos resulta especialmente difícil de situar en un punto fijo, en una posición estable. Duran viene a ser como esos gases de la tabla periódica que solo existen en el laboratorio, emiten un efímero parpadeo y se esfuman dejando al químico sumido en la melancolía, razón sentimental por la que el químico acaba bautizándolos con su apellido: el durón, por ejemplo. Pero ahí, en aparente estado sólido comparecía Duran, inequívocamente en pie, preguntando a Rajoy nada menos que por su “agenda política en Cataluña” como si Rajoy tuviera agenda en general. “Agenda” es un participio de futuro pasivo que en latín significa “lo que debe ser hecho”, pero Rajoy no es un tipo que deje que le digan lo que tiene que hacer. Lo había intentado primero Aitor Esteban, del PNV, inquiriendo al presidente si iba a acatar la decisión de Estrasburgo (presumiblemente contraria) sobre la doctrina Parot, y en la formulación de la pregunta solo faltaba añadir este principio: “Hará el favor usted de…”. Pero Rajoy repuso, con una de esas frases marianísimas que tanto nos divierten:

–No tiene sentido especular sobre futuribles.

He anotado la frase para cuando me pregunten en Facebook por mi asistencia a eventos indeseables. Pero lo cierto es que luego a Rajoy no le faltó claridad al definir la doctrina Parot como “justa, correcta y necesaria”, a la espera de lo que opine el santo oficio de Estrasburgo. El caso es que Duran, que se conoce el paño, acotó la pregunta como un guionista celoso:

–Le pregunto por su agenda política en Cataluña, y no me responda usted con la lucha contra la crisis que le conozco y en eso estamos todos…

En bandeja para Rajoy, haciéndose el ofendido:

–Oiga, solo le ha faltado decirme lo que tengo que responder…

Y a continuación le responde con la lucha colectiva contra la crisis, efectivamente. Duran se ha enfadado y ha incurrido en paralipsis, clásico recurso de la oratoria que consiste en negar que se vaya a decir lo que efectivamente se está diciendo:

–No es una amenaza, pero si sigue usted sin hacer nada, algunos declararán unilateralmente la independencia en el Parlament.

Entonces Rajoy ha pedido un poquito de pedagogía, ha impartido una lección básica de constitucionalismo y cuando empezaba a gustarse y estaba declarando que “España no es un invento sino una realidad de siglos que…” de pronto le ha cortado el micro Posada, que aplica los turnos de intervención con la exactitud de una célula fotoeléctrica en la foto-finish de los cien metros lisos. Para una vez que el presidente de España constata la existencia del país que gobierna, podrían haberle dejado terminar la frase.

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16 octubre, 2013 · 17:21

Protrusión o intrusión

Una protrusión discal es un desplazamiento del núcleo pulposo del disco intervertebral hacia el anillo fibroso, generalmente en dirección posterior o posterolateral, de tal forma que se ejerce una presión sobre la raíz nerviosa que solo a veces cursa con lumbalgia y que no degenera en hernia mientras no se produzca una brecha parcial en las fibras colágenas del anillo.

Ya disculparán ustedes que refiera estas perogrulladas de curso común en el conocimiento del pueblo español, no digamos ya en las redacciones de la prensa deportiva. El español sabe de todo, como bien saben ustedes, pero una de las disciplinas que domina especialmente es la medicina deportiva, de tal manera que ha habido partidos del Barça en que ante las volteretas desgarradoras de un Alves, un Busi o un Neymar, si no andaba atento el doctor Ricard Pruna se ha estado a punto de enviar con la camilla al cronista del Sport.

Lo explicaba muy bien un joven Julio Camba enviado de corresponsal al grave país donde hoy entrena Guardiola. Se encuentra nuestro periodista a un médico español que ha ido a Berlín a mejorar su formación y que se deshace en elogios a la competencia de los especialistas alemanes:

–Desde luego para estudiar medicina hay que venir aquí.
–Pues yo conozco a un médico alemán que tiene mucha fama y que, cuando yo le dije que era español, me preguntó si el rumano era un idioma muy difícil –replica Camba.
–Es que aquí los médicos no saben nada más que medicina. Es lo contrario de lo que pasa en España. Allí todos tenemos una cultura general, y nadie tiene una cultura especial.

Sobre nuestra cultura general acaba de dictaminar la OCDE con entusiasmo perfectamente descriptible, pero eso es porque de los tiempos de Camba a esta parte el español ha preferido sacrificar lo general a lo particular, y así vemos manifestaciones que ejecutan la sardana cerril del aldeanismo y leemos titulares tremebundos de una prensa deportiva que ha preferido especializarse en Traumatología, quizá sospechando que de fútbol ya sabe todo el mundo.

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14 octubre, 2013 · 17:11

La teta del Estado

Pues ya sabemos lo que es la teta del Estado, señores. Hasta ahora pensábamos que se trataba de una metáfora para referirse al clientelismo, pero de metáfora nada, oigan: seis tetas rotundas como seis tiernos cántaros de reivindicación quincemista se revelaron y rebelaron ante la sede la soberanía nacional a eso de las diez y veinte minutos de una mañana que discurría por los cauces somnolientos, estrictamente retóricos de costumbre. Tenía la palabra Gallardón, a quien se empeñan en vestir de inquisidor de Zugarramurdi, cuando se produjo el destape en la tribuna de invitados al grito de vestal enfurecida “¡Aborto es sagrado!, ¡aborto es sagrado!”, con ligero acento extranjero.

Al principio los cronistas más jóvenes creímos que por fin cubriríamos el golpe de Estado que nos permitiera languidecer en las tertulias para los restos. Pero no era un golpe de Estado, sino un golpe de pecho, y no de penitencia, sino de turgencia. Los aldabonazos de conciencia se imparten ahora a tetazo limpio, se exhorta a pezón quitao al ministro para que apechugue con las ansias infinitas de aborto de estas nuevas beauvoir con dos únicos pero incontestables argumentos. Flaneaban los pechos pintarrajeados de consigna sobre la testa de los padres de la patria, que bizqueaban mirando hacia arriba en la esperanza de que se cayera alguna de las tres bacantes, dos francesas y una española, activistas de Fenem a cuyo director o directora de casting no podemos sino alabar el gusto. Había una rubia, una morena y una castaña, las tres armoniosamente dotadas, y un buen mamólogo sacaría enseguida la nacionalidad de las dos primeras por la celebrada fisonomía en forma de dulcísima pera por la que se caracteriza la teta gala.

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9 octubre, 2013 · 16:56

Sin ambidiestros no hay paraíso

Nuestro Real Madrid de hoy es un cariño que agranda a los niños al modo inverso en que el insultante autodominio de Floyd Mayweather empequeñece al mejor de sus rivales sobre el ring. Yo creo que mi equipo de antiguos alumnos del cole le hace un gol al Madrid, aunque no digo que ganemos el partido. El autodominio (Varane) es lo contrario del cojonudismo (Ramos), y así está la defensa madridista, que parece un diálogo entre fe y razón donde proliferan herejías como el primer gol de Diawara, que más que un nombre es un nick. A este equipo lo que le falta es dogma y nos recuerda a la Iglesia primitiva, con sectas gnósticas debatiendo sobre el principio de posesión y facciones arrianas postulando el retorno al santo contragolpe. Y la desgracia es que lo entrene el único italiano que no quiere ser papa.

Mitología griega.

Mitología griega.

La indefinición táctica, la caraja medular, el desorden parvulario, la pesadez circulatoria enfadan al aficionado, que al menos asistió al milagro final del gol de Cristiano, sobre cuyo cuerpo glorioso recayó una tarjeta amarilla como rayo de Fra Angélico. Lo que ocurre es que antes el ritual milagrero lo demandaba el Manchester City y ahora lo exige el Levante.

No entendemos que Ancelotti deje fuera de la alineación inicial a Marcelo, que es uno de los mejores delanteros del Madrid del mismo modo que a Neymar le llaman nueve mentiroso, no únicamente por comediante. Que Marcelo sea el jugador más peligroso arriba y que tuviera que ser Varane quien metiera el pase de gol entre líneas a Morata lo dice todo sobre la tarea mitológica ante la que se alza abrumada la ceja de Carletto. Si lo consigue, su 4-3-3 se citará en los manuales de cultura clásica entre la caza del jabalí de Erimanto y la muerte del león de Nemea.

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7 octubre, 2013 · 12:51

Los macchiaioli: del café a la historia del arte

Hubo en tiempo en Europa en que el hostelero de una gran ciudad debía pensárselo mucho antes de abrir un café, porque al poco tiempo se le podía llenar el local de bohemios entregados a la bulliciosa fundación de un nuevo movimiento literario o artístico. Los cafés han contribuido tanto o más que universidades, talleres y academias al progreso de la cultura, así como a la ruina de los empresarios, porque una clientela de pintores y poetas suele resultar un pésimo negocio. Un poeta de café podía escribir cinco sonetos por cada café con leche; es una proporción que ningún hostelero puede resistir, por grande que sea su amor a la poesía.

El artista decimonónico necesita por tanto de un café, y necesita también un mecenas, porque salvo en casos de raro éxito burgués, la clase media consumista aún estaba por aparecer en la historia y la élite social no absorbía suficientes cuadros o novelas como para mantener dignamente a sus hacedores. Esto era así incluso en Florencia, donde juraríamos que a la frente de cada nuevo bebé se le atisba el numen del genio. A partir de 1852 el Caffè Michelangiolo de Florencia se convirtió en el lugar de reunión de un grupo de pintores mayoritariamente toscanos –aunque acabarían llegando de otras partes de Italia e incluso de Europa, como Degas o Manet– a los que un columnista local, con clara voluntad peyorativa (como corresponde a los columnistas), bautizó como los “manchistas”, macchiaioli en italiano. Los llamó así para burlarse de su resuelta voluntad antiacadémica, de su reniego de la ampulosidad romántica que marcaba el canon pictórico del momento, de sus ganas de pintar de forma diferente, sobre temas diferentes, con técnicas diferentes y desde lugares diferentes. Como suele pasar con los mejores insultos, el teórico del grupo (y para mi gusto el pintor más dotado: La sirga es un cuadro para llevárselo a casa, una obra maestra de vitalismo costumbrista capturado con todos sus matices) que era Telemaco Signorini abrazó en 1862 el epíteto con orgullo identitario, y hoy el término macchiaioli identifica a uno de los movimientos más talentosos, simpáticos, encantadores, luminosos y revolucionarios de la historia del arte moderno.

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6 octubre, 2013 · 13:28

Rajoy y ‘Breaking bad’

Disfrutado su operístico final, se puede afirmar que Breaking Bad ingresa de pleno derecho en el panteón de las cinco grandes series de la tele contemporánea junto a Los Soprano, The Wire, El ala oeste de la Casa Blanca y Mad Men. La premisa de BB es especialmente brillante, y la metamorfosis progresiva de su protagonista el hilo conductor de todo el guión, que se propone explorar el arendtiano tema de la cotidiana naturalidad con que un inofensivo profesor desahuciado deviene mafioso cabal. Sin embargo, a mi juicio –y en esto quizá peque de original– Walter White se va de la serie sin terminar nunca de romper en malvado genuino, y es esa maldad imperfecta la que precisamente protege la verosimilitud narrativa de una serie por lo demás millonaria en gozosos manierismos, voladuras controladas y envenenamientos de escuadra y cartabón.

Los guionistas se ocupan amorosamente de que el personaje interpretado por el descomunal Bryan Cranston nunca logre inspirarnos miedo –el miedo irracional que se le tiene al psicópata–, aunque sí respeto a la sofisticación de su mente, que brilla lo mismo en la urdimbre de un crimen que en la cocción de meta azul. En sus momentos más negros, cuando más pavoroso debe mostrársenos, el terrible Heisenberg incurre indefectiblemente en alguna charlotada –sombrero incluido– que nos recuerda que ese villano es en realidad un aplicado profesor de Química con alguna habilidad para la impostura. Llega a la matrícula de honor en manipulación psicológica, sí, pero operando sobre la mente de su previsible esposa (un rol parecido a la Carmela de Tony Soprano) o del naïf Jesse Pinkman, que es un Holden Caulfield cruzado de Dean Moriarty. Concluida la teórica metamorfosis, Walter White todavía calza sus zapatos antijuanetes Clarks, sospechamos Abanderado bajo sus pantalones chinos y viste cazadora cutre de entretiempo, sigue caminando como un pato y el brillo ciertamente luciferino de su mirada en primer plano se apaga en cuanto oye la voz gangosa de su hijo retrasado. Resulta lógico que así sea y no creeríamos otra cosa, porque el deseo de preservar a su familia es precisamente el motor de su transformación. Pero el mismo deseo inspiraba a Michael Corleone y pese a la paradoja no dudó en matar a su hermano, mientras que Heisenberg sólo se deshace de maleantes y suplica por la vida de su cuñado, agente de la DEA. Por eso Michael sí da miedo, y necesita toda esa elegancia y esa gomina para camuflar su letal naturaleza.

Mariano Rajoy, como Walter White, tampoco cumple la expectativa de villano que se le tiene confiada. Rajoy no llena el molde del facha fetén ni del neoliberal inescrupuloso, no ilegaliza el aborto ni a Bildu y tampoco adelgaza el Estado todo lo que debería. El Desfile de las Fuerzas Armadas le parece un coñazo. La prensa le deja frío y a sus pies contempla los gulliverianos esfuerzos de otros políticos del PP por pellizcarle con una declaración o engordarle una factura autonómica. Rajoy, como recordaba Espada el sábado pasado (en un artículo umbraliano que acaba con la obligatoriedad columnística de mofarse de Rajoy para acreditar independencia), se enfrenta a una Recesión, a una Corrupción, a una Abdicación y a una Secesión, y lo prodigioso no es ya que siga en el cargo sino que la macroeconomía arroje alguna luz fantasmagórica y que la oposición no le recorte terreno. Incluso puede revalidar la mayoría en dos años. Por todo ello concluimos tajantemente que Rajoy es un personaje de ficción. De hecho prefiere salir en un plasma.

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3 octubre, 2013 · 13:00

Dos lágrimas por la Cataluña ‘kitsch’

En La insoportable levedad del ser, que es un título muy parafraseado por columnistas que no han leído el libro, Milan Kundera explica la siniestra semántica del kitsch con esa precisión de relámpago que confieren a pachas el talento analítico y una biografía bajo el telón de acero. Ese tipo de precisión que obliga a la cita, y a la cita larga:

“El ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. Es una palabra alemana que nació a mediados del sentimental siglo XIX y se extendió después a todos los idiomas. Pero la frecuencia de su uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable.

(…)

»Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón. Por supuesto el sentimiento que despierta el kitsch debe poder ser compartido por gran cantidad de gente. Por eso el kitsch no puede basarse en una situación inhabitual, sino en imágenes básicas que deben grabarse en la memoria de la gente: la hija ingrata, el padre abandonado, los niños que corren por el césped, la patria traicionada, el recuerdo del primer amor.

»El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lágrima dice: “¡Qué hermoso, los niños corren por el césped!”. La segunda lágrima dice: “¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped!”. Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch. La hermandad de todos los hombres del mundo sólo podrá edificarse sobre el kitsch.

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29 septiembre, 2013 · 18:04