
Hay unas elecciones el domingo, por si usted no lo sabía. Podemos considerar esta campaña en sordina como un sincero tributo a la proverbial austeridad del carácter castellano. O podemos reconocer que es difícil competir por la atención ciudadana cuando estalla una guerra en Oriente Próximo y el presidente de tu país sale de la cabina de La Moncloa convertido en superhéroe, según doctrina sentada por Ana Redondo: quién mejor que una ministra de igualdad para reconocer al primus inter pares de la democracia.






