
Dos concejales que representaban a sus respectivas Españas han dimitido por exhibir comportamientos igualmente inaceptables. Una concejala del PP en Collado Villalba ha renunciado a su acta tras irrumpir aparatosamente en el escenario donde una cómica intepretaba uno de esos monólogos de la vagina que dejaron de ser escandalosos más o menos en el 411 antes de Cristo, año en que Aristófanes representó Lisístrata. No parece que todos los concejales del PP de Madrid, deudores de un cierto pocholismo felizmente extirpado, hayan expuesto nunca su virginal sensibilidad al corrosivo contacto de la comedia griega o la sátira latina, bastante más obscenas que la entrañable coprolalia del nuevo feminismo, cuyas evas adánicas descubren un mediterráneo violeta cada día. En el fondo ambos activismos -el conservador y el progresista- dibujan dos ingenuidades simétricas.






