
Ha tenido que azotar la península una borrasca de encuestas donde la derecha suma 200 escaños para que la izquierda se ponga a repensar su estrategia. No toda la izquierda: solo aquella que se siente en peligro personal de extinción. La otra perderá las elecciones y el gobierno, pero conservará el escaño nutricio que permite al político profesional transitar por el largo desierto de la oposición. Cuando Rufián se enteró de que Junqueras quería moverle la silla de portavoz de Esquerra -básicamente porque hace tiempo que don Gabriel ya solo es portavoz de sí mismo-, prendió en él una súbita vocación de emprendedor, un espíritu neoliberal de self-made boy a la búsqueda de una marca lucrativa con la que ganarse las habichuelas como un buen padre de familia.






