Facilidades del psicópata para acceder a un arma en España

Me saqué el permiso de armas hace quince años. No aspiraba a convertirme en un Abelló, ni siquiera a rivalizar con la mortífera precisión de Landaluce: el plan era cazar conejos en la finca manchega de mi amigo Alberto para echarlos luego a la paella. Humanistas tan cuajados como Delibes saben bien que no hay afición más satisfactoria que un fin de semana consagrado al campo, levantándose al alba para desafiar el relente crudo de la estepa, pisando la dudosa luz del día con la escopeta al hombro y un temor reverencial a que el súbito arranque de la presa te obligue a romper el santo silencio del monte con un perdigonazo impertinente. Acertar era lo de menos: la pitanza hipercalórica y el vino generoso entre amigos, lo de más.

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21 febrero, 2026 · 12:44

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