
El ministro del Interior se declaró «decepcionado» en los pasillos del hemiciclo. Es normal, pobre. No todos los días te enteras de que tu jefe de policía «indiscutido e indiscutible», tu madero favorito, al que pusiste como ejemplo de conducta «impecable» y a quien concediste una prórroga en el cargo por decreto cuando le tocaba jubilarse, ese mismo ha violado a una subordinada en su piso oficial. Ella está de baja, encerrada en casa, psicológicamente destruida según me contó ayer su abogado en Cope, pero Marlaska está «decepcionado»: empate.






