
Algo tendrá el amor cuando lo bendicen. Y el hisopo con el que el mercado bendice el amor viene bañado en agua de colonia. Si el café es el líquido vital de los hombres cansados, según nos enseñó Raymond Chandler, el perfume debe de ser el líquido vital de los hombres enamorados.
Todo esto lo descubrí el otro día a bordo de un avión de Iberia que ofrecía un surtido catálogo de fragancias descritas en un sucedáneo de la prosa libertina de finales del XVIII. Me quedé varios minutos atrapado en esas lisérgicas descripciones que parecían redactadas por un hijo natural de Choderlos de Laclos y Corín Tellado con muchas ganas de presentarse al Planeta. Para que luego digan que la literatura de aeropuerto es mala.






