
Hay noticias impactantes que luego no tienen el seguimiento que se merecen. Un titular llamativo, apenas unos minutos en la tertulia radiofónica, un puñado de memes efímeros en las odiosas redes de los tecnooligarcas. Pero solo una desidia culposa justifica que al término de esta semana no sepamos nada del joven de 24 años que acudió a un hospital de Toulouse con fuertes molestias en los glúteos y resultó que alojaba un obús de la Primera Guerra Mundial en el ano.






