‘Melonizar’ a Vox

Hemos dicho ya que la responsabilidad es la criptonita del populista, ese superhéroe del zasca al que toda la fuerza se le va por la boca. Gestionar nunca es tan sexy como predicar, ni cuadrar un presupuesto promete las mismas emociones que reconquistar penínsulas: nadie imagina a Don Pelayo echando las tardes ante una tabla de Excel. Pero si un partido populista -todos lo son al nacer- no crece, no se transforma, no pierde pureza a medida que gana sabiduría, corre el peligro de terminar convertido en un restaurante de Lavapiés.

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13 enero, 2026 · 18:24

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