El buen trumpista

Hay un trumpista macizo que no padece la funesta manía de pensar. Le basta la fe, una fe protestante que no necesita la justificación por las obras. Da igual que su Donald haga lo contrario de lo que prometió, y da igual que aquella promesa fuera aplaudida por nuestro trumpista macizo con la misma ferocidad con la que ahora aplaude la decisión opuesta. Porque la conexión del creyente con el ídolo no es ideológica sino religiosa, es decir, biográfica, fieramente psíquica. Trump es el hombre fuerte que él quiso y no pudo ser, y desde que el algoritmo los presentó -hace ya algunos años- rinde al Gran Hombre un culto existencial que lo redime a diario de su insignificancia, de su pequeña herida a cuestas, de su rutinaria humillación laboral o su falta de estructura familiar, de su involuntario celibato.

Leer más…

Deja un comentario

8 enero, 2026 · 17:19

Deja un comentario