
Se abre el portón de la abadía milenaria y en el umbral se recorta la menuda figura de Dionisio. Del hábito negro emergen unas manos nerviosas en las que tintinea el manojo de llaves. Me estudia con ojos serios y de pronto sonríe.
-Sígueme, que te enseño esto. Si quieres cambiarle el agua al canario, es ahí a la derecha.







Por si acaso a alguien se le ocurriese preguntar de qué viven estos monjes, Bustos se adelanta a darnos la respuesta. Parece que al cabo son algo más que ‘gestores culturales’, como lo era la tía en esa película de terror que a ud le gustó tanto, ‘los domingos’, que bien podría haberse llamado ‘las familias’. Ese sí que es un melón a abrir, la familia.