
Me interesó la distinción entre torpeza y maldad que ensayó el dimisionario Mazón en la esperanza de ser recordado antes por la primera que por la segunda. Y es probable que tal plegaria sea atendida a medida que se enfríe su cadáver político, y con él los odios encendidos por su numantinismo kamikaze. Con el tiempo la gente se referirá a Carlos Mazón como aquel efímero presidente valenciano que tuvo que dimitir porque la riada mortífera de 2024 le pilló alargando el almuerzo con una periodista rubia. Nada menos, nada más.







Podrían recordarlo por alguna cosa más ¿Por qué los almuerzos se dilatan y se dilatan cuando se trata de sustituir a alguien al frente de una televisión regional? Ese mismo día, y por similar razón, se prolongó una sesión en el circo de pulgas nacional. Parece que los valencianos le hubiesen cogido gusto a la cremá de un líder local – Camps, la señora que vino después- así se demuestre tras años y años que no tuvieran la culpa de nada. Esto debe ser la técnica de los años treinta de montar un pollo socarrat a cuenta de algo – el estraperlo- que no tenía nada que ver con lo que se estaba juzgando ¿Por qué no prueban con el señor Zapatero que paró las obras hidráulicas planeadas en toda España? Zapatero debe estar en el nádir de las reputaciones políticas españolas -que ya es nádir-, pero uno lo ve alzando el meñique a sus sufridos paisanos. Goya, ahí tienes inspiración.