
Aquella mañana Pedro se levantó, se compró unas gafas de existencialista francés en una farmacia y acudió a divertirse al Senado de España, país del que le han hablado tanto que ya sentía ganas de visitarlo. Al parecer se celebraba allí esos días una comisión de investigación porque miembros relevantes del partido, la familia y el gobierno del presidente de aquel país estaban procesados por corrupción. Estas cosas nunca han dejado de asombrar a Pedro, que se indigna a la hora del desayuno cuando se entera por la prensa de las andanzas de gente tan desahogada.






