
La escalada verbal entre partidarios de García Montero y de Muñoz Machado confirma la agudeza sociológica de Woody Allen, que descubrió que los intelectuales son como la mafia: solo se matan entre ellos. Por entrar y salir rápido de la polémica digamos que no existe tal polémica. Que no procede combate alguno entre polemistas de tan desigual pesaje. Entre un poeta del régimen que montó en un taxi a un endecasílabo (y lleva décadas pasándole al Estado la factura de la carrera) y el último humanista capaz de conciliar con idéntico rigor el cervantismo de fondo, la historiografía hispanoamericana o el derecho administrativo. Pero yo no venía a hablar de intelectuales sino de mafiosos, que últimamente me merecen más respeto.






