
Cometió el peor de los pecados que un artista puede cometer: tuvo éxito. Las semblanzas que conservamos de él son escasas, porque la dicha no atrae a los biógrafos, pero en los testimonios de sus contemporáneos no consta registro alguno de infortunio. El drama huyó de él como la buenaventura del gafe. Como la honradez recela del dinero. Como escapa la inteligencia de una red social.






