
La próxima revolución, como todas las anteriores, la harán jóvenes airados sin mucho que perder dirigidos por el resentimiento de quienes no ganaron todo lo que esperaban. Perdedores de la globalización que aguardan su momento para auparse a la cresta de la ola sobre hombros más lozanos, delimitando el terreno de la guerra cultural y marcando con dos garabatos al enemigo. Luego, una muchachada ingenua los seguirá hasta las afueras de Hamelín. Lo de siempre.






