Ideología en un pañuelo

La coherencia es una virtud de derechas. La izquierda ni siquiera la concibe como virtud. Begoña Gómez encabezaba marchas abolicionistas años después de llevar la contabilidad de las saunas de su padre, donde el producto estrella era la carne de efebo latinoamericano. David Sánchez Pérez-Castejón, la batuta más enhiesta del repertorio, residió en Moncloa mientras declaraba sede fiscal en unas ruinas de Elvas recién compradas a fin de pagar menos impuestos. Por lo que sea, el fiscal general Ortiz no quiso filtrar esta pillería tributaria para ganar la batalla del relato de la sanidad, la educación y la dependencia («¿De quién depende?»). Irene Montero se pone al frente de una manifa antisistema a pesar de levantarse 15.000 pavos brutos al mes con dietas, merced a su muy sistémica condición de eurodiputada. No alertada por semejante disonancia cognitiva, que en tímpanos morales menos embotados que los suyos rugiría como la turbina de un Boeing 737, doña Irene se hace acompañar a pie de pancarta por escoltas que le pagamos todos para encararse con policías que también pagamos todos: el sistema es ella pero el antisistema también. Otegi presume de la imagen de España en el mundo gracias a esta Vuelta (al pasado). Bardem se presenta en los Emmy para «denunciar el genocidio de Gaza», pero su performance de consolación por la magra cosecha de galardones habría ganado credibilidad si no recordáramos la vez en que reservó una planta de la clínica israelí Cedars-Sinai -uno de los hospitales privados más exclusivos de Los Ángeles- para que doña Penélope pudiera parir como Yahvé manda. Y Marlaska afirma impávido el carácter «pacífico» de la algarada que reventó la Vuelta mientras 22 de sus hombres se reponen de las heridas.

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17 septiembre, 2025 · 18:50

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