
Cae la tarde en el municipio madrileño de Soto del Real. Sobre el espinazo de la sierra el crepúsculo pone notas anaranjadas que recuerdan al pelo de Trump, la némesis de nuestro presidente. Él ahora disfruta de unas merecidas vacaciones en La Mareta, pero para el arquitecto de sus legislaturas está siendo un verano diferente. No es que le falte tiempo para descansar: es que ahora le sobra. Y no sabe cómo llenarlo.






