
Humo negro, fumata de tanteo según mandan los cánones en la primera votación. Los cánones mandan siempre, pero especialmente en la institución bimilenaria que alumbró el derecho canónico. Hoy jueves ya hay cuatro votaciones por delante y la conjetura verosímil de que la última anuncie al orbe un papa nuevo.







Tal vez se deba al casero presbiteriano (‘-ex’, como debía ser de rigor en 1981), escocés de San Diego (todavía recuerdo la sopa hagis que nos preparó un sábado) que inmediatamente me puso en la mesa de deberes el libro de Weber sobre la cultura protestante y la católica que mi sensación al respecto no pueda ser más mohína. El alemán expone una tesis – que reconoce ajena- en la primera página y media y después se limita a sociologizar to his heart content. Fea manía esta de sociologizar. «Igual que les ocurre a otras muchas cosas de la sociología, teorías que a primera vista resultan impresionantes no son más que perogrulladas cuando se las mira más de cerca». No soy yo, es G R Elton el que desde su cátedra de historia se impacienta con el parvenu chillón sociológico.
De Dalí supimos últimamente su admiración, herética para sus compañeros superrealistas (¿Hay un movimiento más pero que más pero que más burgués que el superrealismo?) por un cuadro de la escuela historicista que muestra la extremaunción de Fernando el Santo. Curioso. Más que las tonterías del artista, tonterías que soltaría poco menos que bajo contrato. Ah, l’enchantement du monde.
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