Un aldabón de la periferia en el corazón de Roma

No ha muerto un hombre bueno sino un hombre incómodo, valga la redundancia. Es decir, ha muerto un cristiano. Sobre la institución viva más antigua acumulamos todos tantas opiniones que fácilmente olvidamos (empezando por ella misma) su propósito originario: traer al mundo, como su fundador, no la paz sino la guerra a golpe de mejilla. A fuerza de poner amor donde reina el odio por defecto. El programa resulta tan exigente para la condición humana que Oscar Wilde -otro cristiano escandaloso- concluyó que en buena medida permanecía inédito en la historia de Occidente, con la salvedad de excéntricos como precisamente San Francisco.

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22 abril, 2025 · 11:39

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