
El índice de Transparencia Internacional dirá lo que quiera, pero todos sospechamos que las sesiones de control en el parlamento de Ruanda son más divertidas que en el nuestro. Así que tenemos lo peor de los dos mundos: el tedio argumental del primero y la higiene institucional del tercero. Ya que siete años de CoPro (coalición progresista) nos han instalado en niveles subsaharianos de corrupción, podrían darnos al menos un poco más de espectáculo. Pero al parecer la fase terminal del sanchismo se propone conciliar la cooptación del gran capital -de Telefónica a La Caixa- con la manufactura desganada de un cainismo de pésima calidad.






