
La debacle del socialismo alemán está animando a muchos comentaristas a señalar a Pedro como último bastión de la socialdemocracia continental. Este análisis parte del lamentable error de apreciación -fundado en una perezosa inercia nominalista- de que Pedro es un socialdemócrata. En realidad el socialismo español de impronta europea desapareció hace algunos años, con la muerte de Rubalcaba y el ascenso al poder de la criatura que el finado bautizó como mayoría Frankenstein. Y la socialdemocracia española, ay, siguió muriendo en el verano de 2023, cuando Pedro incorporó a su macedonia antiPP a una fuerza xenófoba, responsable de una sedición segregacionista, llamada paradójicamente Junts. Nuestro presunto socialdemócrata está a punto de cederle al sedicioso la competencia migratoria para que pueda reservarse el derecho de admisión de ciertas razas en su territorio. Progresismo de manual, o sea. De manual de resistencia.













