
Debemos aceptar ya la posibilidad no de que Pedro resulte imputado sino de que el imputado ordene tumbar el suplicatorio dirigido al Congreso por primera vez en democracia. Debemos aceptar el éxito de un golpe a cámara lenta que ha hervido la rana y ha roto las reglas. Debemos aceptar que la delincuencia progresista es admisible y que un presidente con pujos de monarca feudal ha adquirido la condición de inviolable. Contra quienes perciben a estas alturas un débil latido de socialdemocracia autónoma en el pecho momificado de esa sigla yerta, debemos aceptar que el PSOE y sus socios forman una ligadísima amalgama caraqueña que la corrupción no escindirá: al contrario, la apelmazará más todavía.







Jo. Parece una película de Cecil B de Mille, con la hechicera creek animando a sus bravos a recorrer la senda y volver con cuantas más cabelleras, mejor.