
Otra sesión de control al Gobierno sin el presidente del Gobierno. No es que a Pedro no le guste que le controlen, es que no le gusta su país. Un terruño inhóspito, indigno de su liderazgo global, poblado por indígenas ceñudos que le arrojan palos de escoba. ¿Cómo no vamos a entender que el presidente quiera pactar con todos los partidos que odian a un país así? Cuando cede a Otegi, cuando suplica a Puigdemont, este madrileño desarraigado no ve separatistas fanáticos sino camaradas de exilio interior.







Qué cosas. La foto de la ministra nos recuerda a Teresa Fernández de la Vega. O a Lola Gaos en el momento de la transición que aún no se conocía por tal en que todo -todo- el país andaba pendiente de su apaleamiento de un perro en «Furtivos» [1975. Tachán tachán]. Quizá ande esperando el fin de su carrera política para, como la primera, correr al esteticista (¿Han visto sus mercedes cuántos hay en este ‘pequeño país’? No sé si Venezuela o Argentina andarán cerca. Francia desde luego no) y dejar de un pasmo a los espectadores. No hay médicos de familia, bullimos de esteticistas. Rigth on, sisterhood.