
Escribe Álvaro Pombo en su última novela, El exclaustrado: «El riesgo es siempre la humildad, la soberbia no corre riesgos nunca». Y quizá para no correr el riesgo de mostrarse humilde, Pedro Sánchez se fumó el pleno parlamentario sobre la dana para irse a Azerbaiyán a explicar al mundo que el cambio climático mata. Naturalmente el primero que no se cree esa frase es él, porque si de verdad se la creyera habría drenado el barranco del Poyo y habría adecuado las infraestructuras en las zonas inundables por efecto de gotas frías cada vez más violentas a causa del calentamiento del Mediterráneo. Pero la acción política de Pedro se agota en el relato; ya se sabe que para que haga algo hay que pedírselo, y no siendo de Bildu o de Junts tampoco está claro que te atienda.






