
Tiene 27 años, un padre carlista al que ha decepcionado, una esposa de conveniencia a la que no ama y un contrato oneroso con el empresario del Teatro de la Cruz. Apurado por las deudas cargadas a sus hábitos bohemios, cierta noche de insomnio concibe José Zorrilla el pastiche romántico de un arquetipo trillado, entre el barroco truculento de Tirso de Molina y el moralismo preilustrado de Antonio de Zamora. En el escritorio de la modesta pensión donde se aloja se sienta a escribir al día siguiente, y 21 días después el drama está concluido.






