
Era el único tenista que jugaba con el alma. Y eso que el suyo no era precisamente un cuerpo vulgar. Incluso un observador tan inteligente como David Foster Wallace abonó el tópico maniqueo del poderío físico de Rafa frente a la elegancia mística de Roger. «Nadal es la némesis de Federer. Se enfrentan la virilidad apasionada del sur de Europa contra el arte intrincado y clínico del norte. Dionisio y Apolo. Cuchillo de carnicero contra escalpelo». Error, David. Te traicionó la sensibilidad protestante.






