Pedro se hace un Pantoja

Pedro Sánchez accedió a su escaño forzando mucho la sonrisa, lo que en términos politológicos se conoce como hacerse un Pantoja. Tras la derrota en la votación de la víspera, Pedro necesitaba enseñar muchos dientes para impostar seguridad. Feijóo lo recibió con artillería pesada: «Ha pasado usted de tener problemas con la verdad a tenerlos con quienes la cuentan. No se veía una cosa así desde Franco. Casos de corrupción abiertos y una legislatura cerrada». El jefe del PP no tiene un problema con el mensaje, que de hecho ha ganado contundencia, sino con el reloj: alarga tanto el primer round que se queda sin tiempo en el segundo, lo que afea la diatriba. Pero su rival no atraviesa precisamente por su pico de forma. Desató la carcajada cuando declaró que el suyo era «el Gobierno del acuerdo y el diálogo» antes de ponerse a olfatear el pasado del líder de la oposición en la Xunta de Galicia. Incurrió en la cursilada de llamar templo de la palabra al Congreso, como si eso fuera a ablandar a Junts con vistas a la negociación presupuestaria. Y citó al Banco de España como fuente de autoridad para celebrar el cohete económico español, momento en que el escaño que ocupaba Escrivá hasta anteayer emitió un crujido sospechoso.

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1 comentario

18 septiembre, 2024 · 20:24

Una respuesta a “Pedro se hace un Pantoja

  1. Avatar de Melquisedec está de vuelta Melquisedec está de vuelta

    ‘En una democracia normal’….debió de ser lo que pensaba la moza de restaurant gallegovenezolana que protagonizaba la primera novela -magnífica, pero ¡ay! ¿Y qué?- de la Sainz Borgo antes de que la transmogrificaran. ‘En una democracia normal’ es donde le gustaría haber vivido al principal opositor ruso antes que ídem. Pedro no tiene el charme ni el empaque -no- de hacer lo que la Pantoja hará ex oficcio con naturalidad: destilar tronío. Para algunos, la verdad: yo me excluyo. Sólo veo al tipo encogido de hombros y frotándose las manos cómo el hortera de bolera o de culebrón de él sabrá dónde haciéndoselas pasar muy mal a un montón de gente, incluidos sus infelices sicarios

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