¿A qué huele el sanchismo?

Dos horas antes de la hora prevista para el encendido del holograma presidencial, las calles aledañas al Instituto Cervantes lucían la clase de blindaje policial que Donald Trump no se pudo permitir. A Pedro esta temporada le cuadra un nombre taurino: el Niño del Búnker. Porque no gobierna sino que apenas resiste y porque siempre porta consigo su cordón sanitario para aislarse de los españoles, un muro portátil que lo protege de los innumerables fascistas que a su juicio infestan las aceras de España. Especialmente de Madrid, que ya calienta las gargantas para el Doce de Octubre, si es que va. Cuentan los que pasaron por la calle de Alcalá que llovían majezas desde los balcones de Barquillo mientras allí dentro el Niño del Búnker desplegaba su mapa de mentiras con el rostro de bronce y la conciencia de silicona. Él insiste todavía en vestir traje, con la de sastres que suspiran en Caracas por bordarle las iniciales en un chándal progresista.

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6 septiembre, 2024 · 8:35

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