
A los tópicos regionales hay que tenerles mucho respeto, sobre todo si versan sobre Aragón. Por algún poderoso motivo que aprende en la aspereza del páramo o en la majestad del pirineo -cuando no sencillamente en los libros-, el maño nace sabiendo que él no es menos que nadie, pero mucho menos que un catalán. De la clara conciencia de esa esencia igualitaria se nutre su voluntad política antes que de cualquier ideología o interés. No es que los aragoneses sean tercos: es que tienen razón.






