Por una vez me tomé la molestia de leer todos los comentarios a la noticia que este periódico tituló como sigue: «Cinco detenidos por la estafa del falso Brad Pitt por 325.000 euros». De los 64 comentarios, únicamente dos salían en defensa de las estafadas. O al menos expresaban un pudor que bloqueaba la burla, cierta empatía con el drama de esas víctimas desplumadas a la vez de su amor y sus ahorros.
Nos hemos quedado sin la foto de Pedro con Anne Hathaway, que alegó motivos familiares de última hora para no darle el premio feminista de la ONU. El gozo de las pedrettes en un pozo, una semana de tuits a la basura. Deberían consolarse pensando que podría ser peor, que ese premio podría habérselo dado cualquiera de los violadores beneficiados por su ley del sí es sí.
La normalización de Cataluña es una farsa con dos protagonistas en apariencia antitéticos pero estratégicamente complementarios: Salvador Illa y Santos Cerdán. El arquetipo cervantino parece aquí inevitable:el quijote de la concordia y el sancho de las tajadas. El primero, que se declara democristiano, es el encargado de poner las velas a Dios en Sant Jaume mientras el segundo, que acaba de escaparse de una escena de Los Soprano, se las pone al diablo en Suiza. Recuerden el chiste de romanos, con aquel emperador que se desesperaba porque los humanos estaban comiéndose a los leones en el Coliseo.
Usted habrá visto el embarazoso vídeo en que Miss Cataluña improvisa una disertación sobre el problema de la natalidad y termina abonando un arraigado prejuicio contra la inteligencia de las bellas. Como todavía hay más feos que guapos (por poco tiempo, al ritmo que proliferan los gimnasios y los bonos para clínicas estéticas), el vídeo no tardó en viralizarse. Lara Doval ha aclarado después que no oyó «natalidad» sino «notabilidad», y salió del paso recurriendo al manual del tertuliano flotante: esbozando pros y contras, debilidades y fortalezas, no es menos cierto pero no obstante sin embargo. Un desastre del que se ha repuesto con elegancia y prontitud, invocando el orgullo de su familia.
Pedro Sánchez accedió a su escaño forzando mucho la sonrisa, lo que en términos politológicos se conoce como hacerse un Pantoja. Tras la derrota en la votación de la víspera, Pedro necesitaba enseñar muchos dientes para impostar seguridad. Feijóo lo recibió con artillería pesada: «Ha pasado usted de tener problemas con la verdad a tenerlos con quienes la cuentan. No se veía una cosa así desde Franco. Casos de corrupción abiertos y una legislatura cerrada». El jefe del PP no tiene un problema con el mensaje, que de hecho ha ganado contundencia, sino con el reloj: alarga tanto el primer round que se queda sin tiempo en el segundo, lo que afea la diatriba. Pero su rival no atraviesa precisamente por su pico de forma. Desató la carcajada cuando declaró que el suyo era «el Gobierno del acuerdo y el diálogo» antes de ponerse a olfatear el pasado del líder de la oposición en la Xunta de Galicia. Incurrió en la cursilada de llamar templo de la palabra al Congreso, como si eso fuera a ablandar a Junts con vistas a la negociación presupuestaria. Y citó al Banco de España como fuente de autoridad para celebrar el cohete económico español, momento en que el escaño que ocupaba Escrivá hasta anteayer emitió un crujido sospechoso.
Tenemos que celebrar el Plan de Acción por la Democracia anunciado por Pedro. Recordemos que hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse. Un hombre con tantos pecados contra el octavo mandamiento sobre su conciencia, uno que llamaba a voces a un periodista de El País para que cambiase un titular incómodo o que citaba en la cocina de un restaurante a su director para que el periódico le rindiera vasallaje en las primarias, al fin ha comprendido que esa no es manera de comportarse en una democracia. Los periodistas celosos de nuestra libertad correremos ahora a matar al novillo más cebado para festejar el regreso al orden liberal del hijo pródigo en patrañas, presiones, amenazas y chantajes con el dinero de todos y con el Ibex de unos pocos.
Está previsto que suceda un milagro en el Congreso de los Diputados. Tras dos años y medio de prórrogas mezquinas, a dos meses de cumplirse el primer aniversario del alzamiento del muro, la ley que garantizará una vida digna a los enfermos con esclerosis lateral amiotrófica empezará a tramitarse gracias al dispar compromiso de PP, Junts, PSOE y Sumar. Por una vez los parlamentarios españoles -incluidos aquellos que no quieren ser españoles- se elevarán por encima de sí mismos, reventando el corsé tribal que sujeta su disciplina de voto. La política se reconciliará con la vocación de servicio, rehabilitando la dignidad del representante a ojos de sus representados. La ética derrotará a la táctica.
Esta semana el presidente de Castilla-La Mancha pasó de las palabras a los hechos: recurrió ante el Tribunal Constitucional la ley de Amnistía que ha permitido a Pedro Sánchez mantenerse en La Moncloa. Allí, hace tiempo que lo dan por amortizado. Pero quizá es Page el que da por amortizado a Sánchez.
Esta semana ha declarado que «le dan por perdido en Ferraz». ¿Percibió cierta tensión o recelo hacia usted en el Comité Federal?
Yo llevo prácticamente desde los 16 años en el partido. Soy muy veterano en la militancia y por eso no me entra ningún tipo de complejo. La camiseta la llevo desde hace mucho tiempo y con mucho orgullo. Pero en la militancia en general el comportamiento es mucho más fraternal y de camaradería de lo que parece. Hombre, luego hay debates más acalorados o que tienen más carga de tensión y, obviamente, llevamos una temporada de debate tenso por la situación general del país. Ellos saben cuál es mi posición y creo que han renunciado a intentar convencerme. Estoy abierto a escuchar todo tipo de planteamientos, pero no soy persona que le guste hablar por hablar. Algunos destacan de su currículum político el decir lo que piensan; yo pienso lo que digo, que quizás es más importante.