
Una emoción cotiza al alza en nuestra vida pública: la venganza. Sin salir del Congreso, entre los partidos de la declinante mayoría que sostuvo al Gobierno cunden los aspirantes a vengadores de novela, para solaz de los plumillas parlamentarios. Tiene pinta de que este curso vamos a mojar la pluma en sangre, que suele ser el tintero de las mejores crónicas.






