
Siguen yendo los periodistas a las ruedas de prensa de Pedro como si Pedro estuviera moralmente capacitado para responderles. Como si el tétrico palacio de La Moncloa fuera hoy algo distinto que un laberinto de espejos de barraca ferial diseñado por el hermano tonto de George Orwell. Mis compañeros se acreditan, van, preguntan cuando les dejan pero sistemáticamente topan contra el muro facial de un hombre absurdo, vaciado de sentido como un grito munchiano, reducido a una enorme jeta hialurónica, elástica e impermeable. Si la piel de la cara de Pedro Sánchez pudiera clonarse quedaría obsoleto el kevlar para los chalecos de los marines.













