
Qué forma tan cojonuda de perder, ha dicho Guardiola. Y en esa frase viaja toda una preceptiva literaria que delata a los malos escritores, que son cuantos ignoran que se escribe con los verbos y no con los adjetivos, del mismo modo que se gana metiendo goles y no amontonando saques de esquina. Conste que sé apreciar esta versión madurada de Pep, más preocupado de profesar el debido respeto al rey de Europa que de construir una nación imaginaria; pero como buen catalán fue educado en la elegancia de las formas y no en la contundencia de los hechos. Filósofo de los accidentes y no de la sustancia, por ponernos aristotélicos, estos años de exposición al empirismo inglés aún no han surtido el efecto deseado. Aún desconoce que la gloria no pertenece a los que pierden de forma cojonuda sino a los que vencen de manera agónica.






