
Suena un teléfono en la sede del Partido Socialista de Portugal. Es la línea personal del candidato derrotado, Pedro Nuno Santos, que mira el nombre en la pantalla y descuelga con gesto de resignación.
-¡Tocayo! Soy yo, Pedro de España. ¿Cómo te va?
-Hola, presidente. Pues he tenido días mejores. Ha ganado la derecha. Y tiene derecho a gobernar.
-Tú no has perdido: solo has quedado segundo. Yo he quedado segundo muchas veces y mírame.
-He prometido no contribuir al bloqueo político y debo cumplir mi palabra en aras del interés general.
-Qué cosas más raras decís los portugueses. Tu deber es cerrarle el paso al fascismo. ¿No tuvisteis un Franco vosotros también? Pues eso.






